
¿Y si las pensiones de Veracruz invirtieran en música, turismo y cultura? El modelo BTS que podría fortalecer al IPE
Apuntes de economía
Edgar Sandoval Pérez
“Las pensiones del futuro no solo se sostendrán con deuda pública, sino con activos que generen valor emocional y económico.”
El Instituto de Pensiones del Estado (IPE) ha enfrentado históricamente retos derivados del envejecimiento poblacional, el crecimiento de jubilados y una reserva técnica insuficiente para cubrir obligaciones de largo plazo. Sin embargo, mientras muchos sistemas pensionarios en el mundo siguen dependiendo casi exclusivamente de bonos gubernamentales y renta fija, algunos países comenzaron a explorar rutas completamente distintas.
Corea del Sur es quizá el caso más emblemático. Su fondo nacional de pensiones invirtió en HYBE, la empresa dueña de BTS, y obtuvo rendimientos extraordinarios tras su salida a bolsa. La lógica fue simple: invertir en industrias culturales con alto potencial de crecimiento global.
La pregunta es inevitable: ¿podría Veracruz hacer algo parecido con la reserva técnica del IPE?
No se trata de invertir directamente en artistas o hacer apuestas improvisadas. Se trata de entender que la economía moderna ya no solo genera riqueza desde fábricas o petróleo, sino también desde propiedad intelectual, turismo, entretenimiento, deporte y economía creativa.
El IPE administra recursos multimillonarios que, por naturaleza, requieren rendimientos sostenidos de largo plazo. Históricamente, gran parte de esos recursos se concentran en instrumentos conservadores, necesarios para garantizar estabilidad, pero limitados para generar crecimiento acelerado del patrimonio pensionario frente a inflación y presiones demográficas.
Ahí es donde Veracruz podría construir una estrategia distinta y complementaria.
El estado posee activos económicos y culturales con enorme potencial de monetización estructurada: Carnaval de Veracruz, Cumbre Tajín, festivales gastronómicos, turismo de naturaleza, música regional, industrias audiovisuales, zonas históricas y hasta marcas vinculadas al café, vainilla o productos agroindustriales con identidad territorial.
Imaginemos un vehículo de propósito especifico financiero donde una parte controlada y técnicamente administrada de la reserva técnica participe indirectamente en proyectos rentables asociados a turismo premium, espectáculos masivos, infraestructura cultural o propiedad intelectual veracruzana.
Por ejemplo, el Carnaval de Veracruz genera derramas económicas superiores a los 600 millones de pesos en algunos años, mientras que Cumbre Tajín ha llegado a beneficiar miles de familias mediante turismo, hospedaje, gastronomía y comercio local. El problema es que muchas veces estos flujos económicos quedan dispersos y no se transforman en activos financieros permanentes.
La gran oportunidad sería institucionalizar parte de ese valor.
Veracruz podría impulsar fondos mixtos donde participen gobierno, iniciativa privada y capital institucional para desarrollar arenas de espectáculos, festivales permanentes, plataformas culturales digitales, parques turísticos o incluso proyectos de streaming y contenido ligados a la identidad veracruzana.
El objetivo no sería “arriesgar” las pensiones, sino diversificar estratégicamente una pequeña proporción de la reserva técnica hacia activos alternativos de alto potencial, como ya ocurre en fondos internacionales.
De hecho, grandes fondos soberanos y pensionarios del mundo ya invierten en aeropuertos, hoteles, estadios, infraestructura turística, entretenimiento y derechos intelectuales porque entienden que generan flujos constantes durante décadas.
Además, Veracruz tiene algo que muchos estados no poseen: capacidad de exportar cultura.
La música jarocha, el regional mexicano, la gastronomía, el turismo histórico y las industrias creativas pueden convertirse en activos económicos sofisticados si existe visión financiera de largo plazo.
Por supuesto, esto requeriría regulación estricta, gobierno corporativo sólido, transparencia total y límites claros de exposición para proteger el patrimonio pensionario. Nadie plantea sustituir la inversión tradicional. Pero sí complementar.
Porque el verdadero riesgo para muchos sistemas pensionarios ya no es diversificar demasiado. El riesgo es quedarse inmóviles mientras el mundo cambia.
Tal vez el futuro financiero del IPE no solo esté en CETES o deuda pública. Quizá también pueda construirse desde la cultura, el turismo y la enorme capacidad económica que Veracruz todavía no convierte en patrimonio productivo de largo plazo.
CD/AT
* Las opiniones y puntos de vista expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de Cambio Digital.
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