¿Y si las bacterias fueran la solución para limpiar el uranio en los océanos?
Estados Unidos.- En las profundidades del mar, donde la luz no llega hay un tesoro perdido para la industria tecnológica: níquel, cobre, cobalto y magnesio. Según The Canadian Critical Minerals Strategy, estos elementos son la columna vertebral de la tecnología moderna, desde las baterías que mueven los autos eléctricos hasta los motores usados en la industria aeroespacial. Todos, materiales críticos extraídos a través de la minería marina. Práctica culpable de arrasar con ecosistemas oceánicos y liberar materiales tóxicos como uranio. La International Atomic Energy Agency calcula la presencia del elemento radioactivo en 4 mil 500 millones de toneladas disueltas en el océano.
La ponzoña metálica
Respecto a la salud, el uranio es un veneno para los riñones, la World Health Organization establece 0.6 microgramos por kilogramo de peso corporal. Si se acumula en el tejido renal, el órgano puede sufrir daños e interferir con la filtración sanguínea. En casos más graves se han documentado problemas reproductivos, crecimiento de huesos, alteraciones cognitivas y cambios en la personalidad.
¡Y aún no acaban las complicaciones! Según la revista Ecotoxicology and Environmental Safety, cuando el uranio entra en el cuerpo (bebido o inhalado en polvo) emite un tipo de radiación, formada por partículas alfa. Estas partículas, aunque no viajan muy lejos salen con mucha fuerza, atraviesan el ADN y lo rompen ―un gran problema, si recordamos que el ADN es como un “libro de instrucciones” para mantenernos vivos―.
Resumiendo, el uranio es un enemigo doble. Daña físicamente a los órganos, mientras desordena el código genético que nos define y hace funcionar.
El hallazgo: un ejército de superbacterias en la oscuridad
Hasta el momento el panorama se ve sombrío, sin embargo, hay esperanza. A casi 2 kilómetros de profundidad, en una mina alemana, allá donde el oxígeno prácticamente es inexistente, vive una comunidad de super bacterias amantes del uranio. El descubrimiento se lo debemos a un equipo del Helmholtz-Zentrum Dresden-Rossendorf, un prestigioso centro de investigación alemán, y a la Universidad de Granada.
El estudio se hizo tomando una muestra del agua contaminada de la mina. Después se la llevaron al laboratorio y le agregaron glicerol, el mismo compuesto usado en jabones que además resulta ser la comida favorita de las bacterias Desulfovibrio y Desulfobulbus; famosas por su habilidad para modificar metales como hierro y uranio.
Aquí es donde sucede la magia. Las Desulfovibrio y Desulfobulbus lograron eliminar en 130 días 95% del uranio disuelto en agua. Un porcentaje impresionante, pero no el dato más interesante de la investigación. Al parecer las bacterias atrapan el metal radioactivo y lo transforman en un compuesto nunca antes visto, sin nombre, pero conocido en el alto mundo de la ciencia como FeU(V)O₄.
Lo alucinante del FeU(V)O₄ es su estructura casi indestructible. Cuando los investigadores expusieron las muestras al oxígeno luego de 4 semanas, algo que teóricamente volvería a disolver al uranio, notaron un aumento en el compuesto recién descubierto. La porción de FeU(V)O₄ aumentó de 30% a 53%, mientras el uranio atrapado (uranita) se oxidaba y perdía fuerza. Como si la bacteria hubiera fabricado una caja fuerte a base del compuesto sin nombre.
¿Por qué es tan importante este hallazgo?
Según el Journal of Nuclear Materials, el uranio en agua se degrada entre 10 millones y 50 millones de años. Tradicionalmente se usa cal como método para neutralizarlo, el problema, descrito por el Journal of Water Process Engineering, es la formación de un lodo espeso y tóxico. Dicho lodo actúa como una esponja gigante, repleto de residuos muy difíciles de manejar y secar, sin mencionar que necesita un almacenamiento durante miles de años.
Para atrapar los metales tóxicos (entre ellos el uranio) la cal cambia el ambiente del agua, dejándolos “dormidos” temporalmente. Un estado que puede romperse si llueve, la precipitación puede cambiar la acidez del lodo y los metales despiertan nuevamente, igual a la bella durmiente.
Hace algunos meses, según las líneas de este diario, un estudio de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí “arrojó que el agua subterránea en la zona metropolitana de esta ciudad contiene diversos contaminantes, entre ellos arsénico, fluoruro y uranio, en niveles que superan los límites permisibles para consumo humano.”
Con la nueva investigación alemana-española, liderada por Antonio M. Newman-Portela, se tiene una solución barata, rápida y ecológica. El glicerol, el alimento de las bacterias, es un residuo abundante en la producción de biodiesel. Las bacterias eliminan el 95% de uranio en 130 días, un récord en términos de descontaminación ambiental. Y a diferencia de otros métodos químicos, este no genera lodos tóxicos secundarios.
Ante el creciente interés en la minería marina, la naturaleza ya tiene una solución para combatir desechos radioactivos. Grandes noticias, pero… la siguiente pregunta sería ¿cuáles serán las consecuencias de acumular muchas cajas fuertes de FeU(V)O₄?
Con información de: La Jornada
CD/AT
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