Puerto Rico: Miles hacen fila por agua; recursos naturales, en riesgo
Puerto Rico.- Es como un hilo invisible, pero perverso que ata a Puerto Rico. Une a la falta de agua en el norte, con una marcha multitudinaria en el sur y las luces en un estadio en San Juan. La semana pasada condensó las contradicciones de una isla en fuga: la indignación popular por el desmantelamiento ambiental se cruzó con el fenómeno global de Bad Bunny cantando a la resistencia, todo bajo la sombra de un gobierno que privatiza a vapor y una naturaleza que pasa, sin tregua, de la sequía a la amenaza de inundación.
Este fin de semana se esperaba que una tormenta ayudara un poco en dar alivio a la sequía que atraviesa la isla y ha provocado un racionamiento en casi la mitad de la población.
Puerto Rico vivió la semana pasada tres países dentro de uno mismo. En el norte, miles de familias hacían fila junto a camiones cisterna para llenar baldes, luego de hasta dos meses de racionamiento por el deterioro de los sistemas pluviales, la mala gestión gubernamental y una sequía prolongada. En Cabo Rojo, en el suroeste, más de 30 mil personas marchaban contra Esencia, el megaproyecto de lujo que el gobierno respalda para levantar una ciudad de ultrarricos –con viviendas desde 3 millones de dólares, hoteles y hospitales privados– en un territorio que el pueblo defiende por su agua, su costa y su biodiversidad. Y en San Juan, dos días antes, Bad Bunny cerraba en un estadio su histórica gira Debí tirar más fotos: 57 conciertos, más de 20 países y 467.5 millones de dólares recaudados con 3 millones de boletos vendidos, según Billboard.
En ese contexto, la gobernadora Jenniffer González viajó a Nueva York a tocar la campana de apertura de la Bolsa de Valores. Su mensaje: Puerto Rico está open for business.
“Este caos, este desastre, es creado a propósito para tratar de jugar con nuestras emociones. Para tratar de que nos rindamos, de que nos vayamos, y puedan seguir vendiendo la isla parte por parte y cumplir su misión de un Puerto Rico sin puertorriqueños”, dijo Bad Bunny ante decenas de miles de personas antes de arrancar con De aquí nadie me saca. El mensaje resume una resistencia del pueblo puertorriqueño que atraviesa décadas de corrupción y privatización de bienes públicos.
La realidad de la resistencia
Puerto Rico exhibe una estabilidad macroeconómica sostenida artificialmente por fondos federales de reconstrucción (HUD, FEMA, CDBG-DR), pero las grietas estructurales no han sanado. El desempleo ronda 6 por ciento, aunque sólo entre 43 y 44 por ciento de la población en edad de trabajar participa activamente en la fuerza laboral: más de la mitad depende del gobierno o de la economía informal. Entre 41 y 43 por ciento viven bajo el nivel de pobreza, con un coeficiente de desigualdad superior a 0.54, el más alto bajo bandera estadunidense. La mediana de ingreso familiar apenas supera 24 mil dólares anuales, mientras el costo de electricidad y agua duplica o triplica el de varias ciudades de Estados Unidos.
La emigración, acelerada tras el huracán María (2017) y los terremotos de 2020, ha reducido la población a 3.22 millones, una caída de casi 17 por ciento desde 2004. La Ley 60, que exime de impuestos a inversionistas extranjeros, ha desplazado a residentes en zonas costeras como Rincón, Aguadilla, Luquillo y Vieques, encareciendo la vivienda. La violencia también golpea: dos muertes violentas diarias en promedio y 15 homicidios por cada 100 mil habitantes, la tasa más alta bajo jurisdicción estadunidense, más de 90 por ciento vinculados al narcotráfico que usa el Caribe como corredor hacia el continente.
El desmontaje legal de leyes ambientales
Mientras el pueblo hacía fila por agua, la Asociación de Periodistas de Puerto Rico celebraba su Asamblea Anual en esta capital, donde el abogado ambientalista y profesor jubilado de derecho Pedro Saadé Lloréns advirtió que el país enfrenta una pérdida histórica de sus protecciones ambientales. “Si antes era importante el rol del periodismo, y en particular del periodismo ambiental, más importante es ahora”, señaló al describir cómo el gobierno usa el discurso de “agilizar trámites” para trasladar funciones de agencias protectoras –como el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales y el Instituto de Cultura Puertorriqueña– hacia el Departamento de Desarrollo Económico y Comercio.
Saadé alertó que dos proyectos legislativos delegarían en esa agencia comercial la última palabra sobre si se conserva una especie protegida o se estudia un hallazgo arqueológico, amenazando con abrir la puerta a la privatización de playas. Como advertencia, citó el caso del megaproyecto Esencia, cuya consulta de ubicación se aprobó en apenas 10 días laborables bajo la figura de “proyecto estratégico”, evadiendo vistas públicas.
Esa lógica alcanza al acuífero que sostiene al país. El ingeniero Abel Vale Nieves, presidente de Ciudadanos del Karso, denunció que el Proyecto de la Cámara 1079 elimina el reconocimiento legal del carso –zona geológica formada principalmente por roca caliza que cubre 27 por ciento del territorio de la isla– como recurso “irremplazable” para reclasificarlo como materia prima. Esa zona alberga la mayor reserva de agua subterránea de la isla, de la que dependen la agricultura, la farmacéutica y comunidades enteras del norte.
“Cada sumidero que se sella y cada zona de recarga que se pavimenta son aguas que este país no va a tener en la próxima sequía, y ya sabemos lo que eso significa”, advirtió Vale Nieves, quien recordó que 40 científicos y 8 mil 774 ciudadanos han pedido vistas públicas sin respuesta legislativa. “Ya no se trata sólo de un reclamo ciudadano: los científicos que llevan décadas estudiando estos sistemas lo pusieron por escrito y lo firmaron… Si los proyectos son tan buenos como sostienen sus autores, que resistan el escrutinio público”.
Vale advirtió, además, que esta reforma no puede leerse aparte de una general de permisos que daría supremacía a la nueva ley sobre cualquier otra legislación ambiental, lo que abriría la puerta a proyectos como Esencia en otras zonas de la isla, incluyendo Naguabo y Loíza.
Entre la sed, la resistencia científica y la fiesta multitudinaria de un ídolo global que cantó De aquí nadie me saca, Puerto Rico cierra agosto de 2026 como comenzó: disputando, litro a litro y firma a firma, el derecho a seguir siendo un país.
Con información de: La Jornada
CD/AT
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