Oct 04, 2026 / 21:20

No es una silla de ruedas: son mis piernas 

La voz de la inclusión

María Luisa Bandala Pantoja

La voz de la inclusión  

Hay un tema del que pocas veces se habla y al que no siempre se le da la importancia que merece. 

Hace unos días tenía que llegar a un evento y solicité un taxi mediante una aplicación. Mi silla de ruedas es personalizada, fabricada de acuerdo con mis necesidades y tiene un costo elevado, además, cuenta con un mecanismo que permite retirar y volver a colocar las ruedas mediante un botón. 

Hace poco mandé pintar mi silla porque constantemente termina rayada por personas que trabajan en el transporte o por conductores. Incluso anteriormente se han roto piezas, entre ellas la parte delantera, la llamada “tijera”, porque muchas veces la manipulan o la lanzan sin el cuidado necesario. 

Cuando la persona que me ayudó a subir la silla al taxi la estaba colocando en la cajuela, le dijo al conductor, de manera muy respetuosa: “Por favor, cuando la vaya a bajar, ella puede armarla, se la encargo mucho, por favor, la puede bajar con cuidado, porque ya se han roto piezas de la silla anteriormente y acabamos de pintarla; Se lo encargo mucho, por favor”. 

Yo no sabía que esta persona ya le había pedido al conductor que tuviera cuidado. Cuando llegamos al evento, yo personalmente le pedí al conductor: “De favor, por favor, no me la vaya a raspar, la puede alzar un poquito y yo la armo”. 

Yo sabía que mi silla podía desarmarse fácilmente porque las ruedas se pueden retirar con un botón, así que incluso estaba ofreciéndole una manera más sencilla y segura de manejarla. Pero su respuesta fue: “Pues entonces no me vayas a dañar las vestiduras del taxi. Ten cuidado con las vestiduras.” 

Yo no estaba tocando ni dañando las vestiduras del taxi y, sinceramente, no entendí por qué me respondió de esa manera.

Me sentí triste, indignada e impotente, pero también hay que recordar que el servicio no es gratuito, estamos pagando por él, como cualquier otro pasajero, y por ese servicio también tenemos derecho a recibir un trato digno y respetuoso. 

Claro que las vestiduras de un taxi importan y deben cuidarse, pero también debe existir cuidado hacia la silla de ruedas de una persona que depende de ella para poder trasladarse,porque yo iba sola. Yo no tenía la posibilidad de simplemente levantarme, tomar mi silla y decirle: “Déjemela, yo lo hago”. 

Para mí, mi silla son mis piernas, porque es lo que me ayuda a trasladarme; Mientras para quien presta el servicio puede parecer simplemente una silla que tiene que meter o sacar de una cajuela, para quien depende de ella existe una relación de autonomía y de confianza que debe ser respetada. 

Pero esto no termina en los taxis. Lo que me ocurrió no es un caso aislado. Personas con discapacidad han enfrentado situaciones similares en taxis, autobuses, transporte público, servicios privados e incluso aerolíneas. 

Muchas sillas de ruedas son personalizadas y tienen piezas o adaptaciones que no son fáciles de conseguir o reemplazar. Por eso, cuando son lanzadas, arrastradas, golpeadas, rayadas o manipuladas sin cuidado, las consecuencias pueden ser graves; si una maleta se daña, puede reemplazarse, pero si una silla de ruedas queda inutilizada, la persona puede quedarse sin poder trasladarse. 

Las sillas de ruedas que no son hospitalarias pueden ser muy costosas. No nos las donan ni nos las regalan, para una persona con discapacidad representan un gasto importante y, en muchos casos, ni siquiera se fabrican en el mismo estado donde vive, si se dañan gravemente, reemplazarlas implica nuevamente un esfuerzo económico. 

Incluso una silla económica puede costar alrededor de 19 mil pesos.

¿Quién nos protege? No tenemos que aceptar estas situaciones simplemente porque “así es el servicio”. 

Las personas con discapacidad tenemos derechos y existen instituciones a las que podemos acudir. 

La Ley General de Movilidad y Seguridad Vial establece que la movilidad debe garantizarse en igualdad de condiciones y sin discriminación por discapacidad, si nuestros derechos como consumidoras son vulnerados, podemos acudir a PROFECO. 

En caso de problemas con una aerolínea, podemos recurrir a la Agencia Federal de Aviación Civil y, cuando exista un acto de discriminación, también podemos acudir al CONAPRED. 

Por eso es importante reportar estas situaciones y no permitir que la falta de cuidado o el trato inadecuado se conviertan en algo normal. La inclusión es un derecho ¿De qué sirve hablar de inclusión si una persona con discapacidad tiene que confiar su movilidad a alguien que quizá no tenga la empatía, el buen humor, la disposición o incluso el conocimiento para entender cómo debe tratarla y cómo debe manejar su dispositivo de movilidad? 

Necesitamos capacitación, protocolos y responsabilidad. La inclusión es un derecho, no una cuestión de buena voluntad. 

Para una persona que usa silla de ruedas, una silla de ruedas son sus piernas. Si se descompone, ¿cómo se va a bajar? ¿Cómo se va a trasladar? ¿Cómo se va a ir? No es lo mismo que se te rompa una bolsa del mandado. 

Solo pedimos cuidado, respeto y que no se violente nuestra dignidad. 

* Las opiniones y puntos de vista expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de Cambio Digital.

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