May 07, 2026 / 09:40

México rinde un homenaje a las culturas mesoamericanas en la Bienal de Venecia

México.- Participar en la Bienal de Venecia permite a México dar continuidad a su apuesta por apoyar a los artistas en dar el siguiente paso en su carrera, así como al trabajo curatorial. Le permite también posicionarse en la conversación global sobre el arte, donde el país siempre ha tenido una participación relevante, ya que el público está consciente de su riqueza cultural, expresa Jessica Berlanga, curadora del Pabellón de México en la edición 61 de la Exhibición Internacional de Arte, que comenzará el sábado.

En esta ocasión el país es representado por el colectivo RojoNegro, integrado por María Sosa (Morelia, 1985) y Noé Martínez (Morelia, 1986), con su proyecto Actos invisibles para sostener el universo, que emplea medios como la instalación, el performance y el sonido.

“RojoNegro lleva mucho años de investigar las culturas mesoamericanas, gracias a sus propias herencias, sobre todo las de Noé. Tienen mucho trabajo de investigación de archivo, etnográfico, sus referencias son muy claras; sin embargo, nunca habían podido efectuar un proyecto tan inmersivo como éste”, señala Berlanga. No hay un apoyo galerístico detrás de su participació, sólo su pequeño estudio.

Ofrenda ritual

Varias ideas que ya manejaban se integran en esta “ofrenda ritual que se presenta como un acto político de desplazar el poder de los individuos al poder colectivo”. Actos invisibles para sostener el universo se relaciona también con “el trabajo que han hecho para entender el cuerpo como un archivo de memoria y el que trae los conocimientos indígenas que se poseen. Es un acto de recordar y también se propone un proceso de sanación”, precisa la crítica de arte.

Al entrar al pabellón lo primero que se ve es un textil. “Esta pieza, titulada Tabaco, se produjo en Cherán, una comunidad de gran importancia para María y Noé. Allí se encuentra uno de los bosques más bellos que la comunidad lleva años de proteger del narco y del gobierno. La obra se produjo allí con hojas de tabaco, plantas y minerales de la zona. En Venecia está colocada para el resguardo del pabellón y de las personas que allí entran, ya que el tabaco tiene que ver con la protección, la sanación y los procesos de alteración de la conciencia.

“Hay también una instalación de sitio específico a piso de sal y barro creado específicamente para la Bienal. Representa la presencia de lo femenino, la sal como el sudor; las lágrimas, la labor. Es una conexión con el cuerpo; también con el trabajo de las mujeres mesoamericanas en las salineras. Un hilo de sal con la forma de una vírgula –símbolo mesoamericano de las palabras y la conversación– guía al visitante por un espacio en el que la respiración marca el ritmo de la obra”.

Sobre la línea de sal descansa una serie de 13 vasijas de cerámica con la forma de aves de América, que establece una conexión simbólica. La sal absorbe la humedad y adquiere una pátina que recuerda el sudor. El proyecto incluye un video en el que los artistas realizan un trabajo de performance que desarrollan desde hace una década, que empezaron junto con Berlanga, en que adoptan una serie de posturas del cuerpo de las vasijas precolombinas.

Esta exhibición tiene que ver con “invocar los conocimientos del cuerpo, circular los saberes indígenas y traerlos a un lugar de alta visibilidad, como es el pabellón, un ritual que se ofrenda a sus ancestros y a todas las personas que trabajan para sostener el universo, pero no son visibles”. También se destaca una manera de entender la inteligencia más allá de lo humano: “habla mucho de la inteligencia de los materiales, de los cuerpos, de las plantas y de los animales, en especial ahora que nos cuestionamos sobre la inteligencia con la IA”, indica.

Para Berlanga, la postura particular de RojoNegro pide “desacelerar y ser capaz de tener una escucha profunda ante las crisis que todos vivimos. Responde a la invitación hecha por la directora artística de la Bienal, Koyo Kouoh –fallecida hace un año–, en el sentido de que los conocimientos indígenas están muy vivos y que en este pasado hay un futuro sostenible”.

Según la curadora, el trabajo de Sosa y Martínez refleja “sobre todo una ansiedad respecto al futuro. También es un posicionamiento en cuanto al daño que hace el capitalismo y el consumo tan acelerado. Es algo que comparten muchos artistas de su generación. La destrucción del mundo natural y, con eso, la de muchas epistmologías en las que con estos conocimientos hay formas de convivir. Más allá de lo específico, para mí es una preocupación ante la crisis que genera el capitalismo”.

En la actualidad, Berlanga es curadora en jefe del campus de la Universidad de California en San Diego, donde dirige una colección de arte público que son comisiones para sitio específico. También está al frente de un nuevo museo que abrirá en 2027, el cual explorará las relaciones entre el arte y la tecnología.

Con información de: La Jornada

CD/AT

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