Ene 14, 2026 / 09:31

Martínez de la Torre. El turismo que puede florecer entre ríos y limonares

Hablar de Martínez de la Torre es hablar de trabajo, de tierra fértil y de un fruto que le ha dado identidad y prestigio mundial. El limón persa. Durante décadas, este municipio veracruzano ha sido sinónimo de producción agrícola de calidad, esfuerzo colectivo y orgullo regional. Sin embargo, hoy comienza a tomar fuerza una idea que merece atención. La posibilidad de que Martínez de la Torre se consolide también como un destino turístico.

No se trata de abandonar su vocación citrícola, sino de complementarla. El mundo ha cambiado y los destinos que logran diversificar su economía son los que aseguran un desarrollo más sólido y duradero. En ese contexto, el turismo aparece como una oportunidad natural para una región que lo tiene casi todo. Ríos, paisajes verdes, clima privilegiado y, sobre todo, una comunidad hospitalaria.

El presidente municipal, Modesto Velázquez Toral, en reciente reunión con periodistas de la región, puso el tema sobre la mesa al señalar que en los próximos años Martínez de la Torre podría requerir más hoteles y generar nuevos empleos ligados al turismo. Más allá del discurso político, el planteamiento invita a reflexionar: ¿Por qué no pensar en grande? ¿Por qué no aspirar a que visitantes nacionales e internacionales descubran lo que durante años ha sido parte de la vida cotidiana de los martinenses?.

La fama internacional del limón persa es una carta de presentación poderosa. Pocos municipios pueden presumir un reconocimiento de esa magnitud. Convertir esa identidad agrícola en un atractivo turístico, a través de rutas, festivales, gastronomía y experiencias rurales, sería un paso lógico y estratégico. El turismo moderno no busca sólo playas; busca historias, autenticidad y contacto con la naturaleza.

A ello se suma un factor que no es menor. El clima. Martínez de la Torre goza de condiciones climáticas envidiables, incluso comparadas con otras ciudades del sureste del país, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, por ejemplo, que en nada se asemeja al mejor clima del sureste del país que es el de Martínez de la Torre. Un clima amable es, sin duda, un aliado silencioso del turismo y de la calidad de vida.

Pero nada de esto puede lograrse sin planeación. La reactivación turística implica infraestructura, capacitación, inversión y, sobre todo, visión a largo plazo. Más hoteles significan más empleos, pero también el reto de crecer de manera ordenada, cuidando el entorno natural que precisamente hace atractivo al municipio.

En este panorama, el impulso al turismo estatal que promueve la gobernadora de Veracruz, ingeniera Rocío Nahle, bajo el lema “Veracruz está de moda” abre una ventana de oportunidad. Martínez de la Torre puede y debe subirse a esa ola, aportando su identidad, su riqueza natural y su historia productiva.

El futuro no se construye de la noche a la mañana, pero sí empieza con decisiones claras. Martínez de la Torre tiene con qué florecer turísticamente. Tal vez hoy algunos lo vean como una apuesta arriesgada; mañana podría ser una realidad que genere orgullo, bienestar y nuevas oportunidades para las generaciones que vienen.

Porque cuando una tierra ha sabido producir frutos para el mundo, también puede aprender a recibirlo.

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