Feb 23, 2026 / 04:30

Los árboles se comunican entre sí bajo tierra: la “Wood Wide Web” del bosque

Durante mucho tiempo se creyó que los árboles eran organismos solitarios, silenciosos y prácticamente pasivos frente a su entorno. Sin embargo, investigaciones científicas de las últimas décadas han revelado una realidad fascinante: los bosques funcionan como redes vivas altamente interconectadas, donde los árboles se comunican, cooperan e incluso se “ayudan” entre sí a través de un sistema subterráneo sorprendentemente complejo.

Esta red invisible ha sido apodada por los científicos como la “Wood Wide Web”, un juego de palabras con “World Wide Web”, debido a su similitud con internet. Está formada principalmente por hongos microscópicos llamados micorrizas, que viven adheridos a las raíces de los árboles. Estos hongos crean finísimos filamentos que se extienden por el suelo y conectan a múltiples plantas entre sí, incluso entre especies distintas.

Gracias a esta simbiosis, los árboles pueden intercambiar nutrientes esenciales como carbono, nitrógeno, fósforo y agua. Un árbol que recibe abundante luz solar, por ejemplo, puede transferir azúcares producidos en la fotosíntesis a otro que se encuentre en sombra o en condiciones más difíciles. De esta manera, el bosque actúa como una comunidad solidaria más que como una competencia individual por los recursos.

Pero la comunicación no se limita a compartir alimento. También se transmiten señales químicas de alerta. Cuando un árbol es atacado por insectos o sufre estrés por sequía, puede enviar compuestos a través de la red micorrízica que advierten a sus vecinos. Al recibir estas señales, otros árboles activan sus propios mecanismos de defensa antes de ser atacados, produciendo sustancias que vuelven sus hojas menos apetecibles o incluso tóxicas para los herbívoros.

Uno de los descubrimientos más impactantes es el papel de los llamados “árboles madre”. Se trata de ejemplares grandes y antiguos que actúan como nodos centrales dentro de la red subterránea. Estos gigantes forestales pueden reconocer a sus propias plántulas y canalizar recursos hacia ellas, aumentando sus probabilidades de supervivencia. En bosques de coníferas del norte de América y Europa, se ha observado que la eliminación de estos árboles viejos debilita gravemente la regeneración del ecosistema.

Además, esta red no solo beneficia a los árboles jóvenes. También permite redistribuir recursos en épocas de crisis, como incendios, sequías o plagas. Incluso se ha documentado que árboles moribundos pueden transferir parte de sus reservas a otros antes de morir, como si el bosque “reciclara” energía para mantener su equilibrio.

La existencia de la Wood Wide Web cambia profundamente la forma en que entendemos la naturaleza. Lejos de ser entidades aisladas, los árboles forman sistemas cooperativos donde la supervivencia depende de la interconexión. Esto tiene importantes implicaciones para la conservación ambiental: la tala indiscriminada no solo elimina individuos, sino que rompe redes completas que tardan décadas o siglos en formarse.

En última instancia, estos hallazgos nos recuerdan que los bosques son organismos colectivos, auténticas comunidades vivas donde cada árbol cumple un papel dentro de un sistema mayor. Bajo nuestros pies, en silencio y oscuridad, se desarrolla una compleja conversación química que sostiene la vida de uno de los ecosistemas más importantes del planeta.

CD/AT

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