Sep 01, 2026 / 10:10

'Los años en París' explora las afinidades artísticas entre Tamayo, Nieto y Toledo

México.- La exposición Tamayo, Nieto, Toledo: Los años en París, que reúne más de 100 obras de esos tres artistas oaxaqueños, explora tres puntos de encuentro entre los creadores: las afinidades con la estética prehispánica, el enriquecimiento de su estilo personal y el diálogo con las vanguardias internacionales de la época.

En la exhibición destacan piezas de colecciones privadas que se muestran por primera vez en México, como La mujer temblorosa, de Rufino Tamayo (1949); la serie de ocho cuadros de Zoología fantástica, de Rodolfo Nieto, y Animal y cazador, La amazona y Compañero de viaje, de Francisco Toledo.

El recorrido abre con Músicas dormidas (1950), de Tamayo, pintura al óleo sobre tela, en la cual se observan dos figuras femeninas recostadas y un instrumento musical entre ellas. Predominan las tonalidades terrosas y los elementos geométricos.

Juan Carlos Pereda, subdirector de Colecciones del Museo Tamayo y curador de la muestra, explicó que este cuadro es relevante, porque con él Tamayo incorporó a México en el mapa del arte universal al presentarlo en la 25 Bienal de Venecia en 1950. La obra, añadió, es una de las más comentadas del artista y una de las más deseadas por los gobiernos de Francia e Italia.

La afinidad de Tamayo por las Venus de Tlatilco, pequeñas esculturas de barro hechas en el valle de México, se ve reflejada más adelante en cuadros como Venus dorada (1955), una pintura al óleo y arena donde reinterpreta la figura mitológica por medio de una paleta terrosa.

De Nieto se exhibe Noche transfigurada (1966), que forma parte de la serie Naguales y que toma su título del sexteto de cuerdas del vienés Arnold Schönberg, así como la serie Zoología mental, conjunto de dibujos y pinturas inspiradas en animales del zoológico de Basilea, en la cual destacan Lágrimas del bestiario (1962), Anatomía de un grillo (1963) y Figura (1965).

En este apartado de la exposición, el público puede apreciar collages y dibujos de Nieto, como Hipopótamo III (1967), Mandril VI (1967), Camello (1967) y Mandril I (1967). “Él ve en el zoológico cómo lanzan comida a un simio imponente, maravilloso, y éste la recoge y la come. El artista dice: ‘yo soy eso’, hace esta serie de animales y los humaniza”.

Para Nieto, el dibujo no será un simple paso previo, sino una obra de arte independiente, con el mismo valor que la pintura.

De Toledo, quien llegó a París a los 20 años y con dos cartas de recomendación dirigidas a Tamayo y a Octavio Paz, sobresalen Dos personajes (1963), Carreta azul (1959) y El pato (1967). En sus cuadros se refleja su vitalidad, el erotismo, la alegría de estar vivo. Toledo, según Pereda, mezcla los recuerdos de su vida en Oaxaca, el Istmo de Tehuantepec y Veracruz con el arte que conoció en África y Oceanía, así como con el trabajo de Picasso y Miró.

“Son tres titanes de la cultura de este país, que, situados en París, lograron convertir esta admiración por lo antiguo mexicano en elementos estéticos para dialogar de frente y de tú a tú con los grandes artistas de la segunda mitad del siglo XX en Europa –Tamayo lo hizo antes en Estados Unidos–”, mencionó Pereda.

Alejandra de la Paz Nájera, directora general del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (Inbal), subrayó: “esta es la primera exposición centrada en la experiencia de los tres artistas en París y en las primeras afinidades e intereses estéticos que tuvieron con relación a la vanguardia de la segunda mitad del siglo XX, que después sería fundamental para la renovación del arte en México”.

Andrea Torreblanca, directora del Museo Tamayo, expresó que revisitar la trayectoria de estos tres artistas oaxaqueños “nos permite ampliar la comprensión del arte mexicano, y preguntarnos por sus rupturas y continuidades, configurando las formas en que pensamos y producimos arte en la actualidad”.

Tamayo, Nieto y Toledo se insertaron en el contexto cultural y artístico parisino de la posguerra y establecieron vínculos con representantes de la literatura, la música, el cine, el ballet y la filosofía. Además, colaboraron con talleres de impresión de artes gráficas.

La exhibición, que tomó más de tres años de gestiones y la colaboración de 45 coleccionistas privados, también documenta cómo los vínculos que entablaron en el país europeo repercutieron en su producción artística. Asimismo, aborda el papel de Rufino Tamayo como referente para generaciones de artistas y figura esencial en el desarrollo de una identidad latinoamericana.

“Sin proponérselo, el artista ejerció una influencia decisiva en creadores que buscaron integrarse, desde México y América Latina, a la modernidad y a las corrientes artísticas mundiales”, apuntó Pereda.

Tamayo, Nieto, Toledo: Los años en París, que reúne pintura, dibujo, gráfica y collage, se inauguró el jueves en el Museo Tamayo (Paseo de la Reforma 51). La muestra puede visitarse de martes a domingo en horario de 10 a 18 horas; estará abierta al público hasta el 15 de febrero de 2027.

Con información de: La Jornada

CD/AT

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