La Estrella que guía, el Amor que paga
La delgada línea entre mi opinión y la tuya
Julio Vallejo
No es la locura de Nochebuena, sino una fiebre de última hora: la noche de Reyes Magos. Aún recuerdo aquel día donde mi hermano Alejandro, no quería dormirse hasta que llegaran los reyes magos, la ansiedad no era por saber lo que le dejarían esa noche, si no hacer el reclamo de por qué nunca le traían lo que el pedía; ese momento llegó a mi mente, mientras observaba a los padres y madres correr por las tiendas, cargando cajas, bicicletas y comparando precios, al mismo tiempo se me viene a la cabeza una reflexión que va más allá de la ilusión infantil: ¿en qué momento la tradición de los Reyes magos se transformó en un maratón de consumo y estrés adulto?
La fotografía se repite en cada centro comercial y juguetería: filas interminables, carritos llenos y la preocupación marcada en los rostros. Curiosamente, la mayoría de estos padres y madres solo piensan en dar, en llenar el vacío bajo el árbol o junto al zapato, sin detenerse a pensar realmente en lo que quieren sus hijos o, más importante aún, lo que necesitan.
Hemos adoptado un modelo de consumismo voraz que nos aleja de la esencia de la tradición. El oro, el incienso y la mirra han sido sustituidos por plásticos que pronto serán olvidados. La “estrella que guía a los Magos”, esa luz de esperanza y generosidad desinteresada, no ilumina a todos por igual.
Es aquí donde la polarización se hace dolorosamente visible. Contrastan los escaparates repletos de juguetes carísimos con las miradas de los niños que venden chicles en los cruceros, recordándonos que el mejor regalo, a veces, es la empatía y la conciencia social.
La tradición nos invitaba a la humildad y a la ofrenda significativa. Hoy, el mercado nos empuja a la competencia materialista.
¿Y si este año el mejor regalo de Reyes no viniera envuelto en papel brillante?
Propongo que recuperemos la estrella de Belén original. Que nos guíe hacia la reflexión de que el amor de los padres no se mide en el precio del juguete, sino en el tiempo de calidad, en la enseñanza de valores y en la capacidad de mirar más allá de nuestro círculo inmediato. El sacrificio de los padres es real y valioso, pero asegurémonos de que ese sacrificio esté comprando memorias y no solo objetos.
Que esta Noche de Reyes, en Xalapa y en todo México, podamos regalar algo inmaterial, pero eterno: un poco más de tiempo, un poco más de conciencia, amor y, sobre todo, la esperanza de que podemos construir una sociedad donde la estrella de la generosidad brille para todos.
CD/VC
* Las opiniones y puntos de vista expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de Cambio Digital.
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