Ene 07, 2026 / 12:55

La entrega invisible

En Tamiahua ocurrió un fenómeno digno de estudio administrativo. Una entrega-recepción que nadie vio, nadie firmó y nadie documentó, pero que, según la versión de los exfuncionarios, sí sucedió. Algo así como un trámite fantasmal, perceptible solo para quienes ya no estaban en el cargo.

Porque mientras la ley marca fecha, hora, formatos y actas, la administración saliente 2022–2025 decidió innovar: Entregar sin presentarse, dialogar sin acudir y cumplir sin constancia. Un modelo de gestión tan avanzado que prescindió de lo más básico. La legalidad.

El 1 de enero, a las 00:01 horas, el Concejo Municipal estaba listo para recibir lo que la ley ordena. Pero del otro lado no hubo nadie. Ni funcionarios, ni papeles, ni llaves. Eso sí, días después llegaron los comunicados y las declaraciones públicas asegurando que “todo se había hecho correctamente”. Al parecer, el nuevo protocolo consiste en gobernar por comunicado y entregar por redes sociales.

La ley, ingrata como siempre, no reconoce reuniones informales, buenas intenciones ni versiones “económicas” del proceso. Exige actas, firmas y comparecencias. Pero eso sería demasiado convencional para una administración que decidió retirarse dejando un palacio abierto y una responsabilidad cerrada.

Ante la ausencia, el Concejo tuvo que entrar para evitar que Tamiahua se quedara sin servicios. Traducido al español simple: El gobierno entrante tuvo que hacer el trabajo que el saliente decidió no hacer. Un gesto que, irónicamente, confirma quién sí entendió de qué se trata gobernar.

Hoy, la entrega invisible no tiene sustento jurídico, pero sí muchas preguntas. Porque cuando alguien se va sin entregar, normalmente no es por olvido… es por conveniencia.

En Tamiahua no hubo entrega–recepción.
Pero sí una lección. La ley no desaparece solo porque alguien decida no presentarse.

Más grave aún es que la ausencia de la administración saliente obligó al Concejo a ingresar al palacio municipal para garantizar la continuidad de los servicios básicos. Es decir, la ciudadanía volvió a pagar el costo de la irresponsabilidad política. Cuando un gobierno se va sin entregar, no abandona solo oficinas. Deja incertidumbre, opacidad y posibles daños al erario.

El discurso de “sí hubo entrega” no resiste el menor análisis legal. Y en política, cuando los hechos no acompañan a las palabras, lo que queda es la sospecha. ¿Qué se intentó ocultar?, ¿por qué no comparecer en tiempo y forma?, ¿a quién beneficia el vacío documental?

Hoy el Concejo Municipal ha hecho lo correcto. Poner los hechos sobre la mesa y hablar con claridad. Ahora corresponde a las instancias fiscalizadoras hacer su parte. Porque gobernar no es solo llegar al poder, sino saber irse conforme a la ley.

En Tamiahua, la entrega no ocurrió.
La responsabilidad, en cambio, sigue pendiente.
Mientras tanto el Concejal Presidente, Luis Fernando Cagnant Ramírez, sigue trabajando fuerte, son seis meses de gobierno y no hay tiempo que perder.

CD/YC

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