Exposición 'Pueblo de la lluvia' es una ofrenda visual
México.- En los lienzos de Santiago Savi hay semillas. Algunas germinan en forma de elotes con ojos y sonrisa, otras florecen como flores que hablan, serpientes que flotan sobre campos arados, jaguares que velan el sueño de la tierra o abuelas de humo que caminan entre los surcos.
Todo crece con lentitud reverente, como si cada trazo estuviera dispuesto para invocar más que para ilustrar. Así se despliega Pueblo de la lluvia, exposición que ocupa el vestíbulo de la Biblioteca Vasconcelos, una ofrenda visual que se escucha.
El pintor mixteco, nacido en 1980 en Abasolo del Valle, Veracruz, pero originario de San Juan Mixtepec, en la región Ñuu Savi, evita los paisajes y los recuerdos idílicos para cultivar símbolos.
Desde niño mis padres me enseñaron que el maíz era sagrado, recordó en entrevista con La Jornada.
Si los pollos no se comían todos los granos, mi madre nos decía que teníamos que recogerlos, limpiarlos y guardarlos, porque de lo contrario, el maíz se enojaría con nosotros y no daría buena cosecha la siguiente vez.
Ese gesto amoroso de preservar el alimento de la indiferencia de la tierra se repite ahora, pero con pigmentos.
“Germinación lenta, más que inmediatez”
En la inauguración, entre centenares de personas que se desplazaban entre los colores y se detenían frente al mural estelar El universo de la milpa –de 5 metros de ancho por 2.5 de alto– para leerlo con los ojos, el curador Esteban Soto susurró una frase que buscaba raíz más que impacto.
Aquí, como en la tierra fértil, lo importante es la germinación lenta, no la inmediatez. El público pareció entender. Nadie pasaba de largo. El ritmo de los visitantes era el de caminantes entre surcos: mirar, quedarse, volver a mirar.
El montaje incluye 54 piezas: óleos, acrílicos sobre tela, tintas naturales, cerámica, textiles bordados y libros escolares ilustrados. Todas comparten una cualidad: ninguna se limita al soporte. Incluso los marcos y el suelo donde reposan las esculturas parecen formar parte de la obra.
No cultivo ya la milpa, pero la sigo pintando, añadió el artista.
En Nahual pensador se concentra una visión potente: una figura humana con rasgos animales, mirada en trance frente a una fogata de copal, mientras un jaguar escucha en silencio.
“Desde niño escuché que algunas personas eran nahuales, capaces de transformarse, poseedoras de sabiduría ancestral: curaban, conocían las plantas, realizaban limpias… Por eso las represento con profundo respeto”, compartió el pintor.
Estas presencias mudas se muestran en diálogo constante, metamorfosis y ritual, comunicándose en tu’un savi, lengua mixteca que refleja su estrecha relación con la tierra y la tradición.
En otra obra conviven el venado, el águila, la serpiente y el jaguar, símbolos creadores del universo según la cosmovisión Ñuu Savi, como se autodenominan los mixtecos: gente de la lluvia.
Savi explicó que pudo leer un documento centenario resguardado en la Biblioteca Palafoxiana que relata cómo nuestros primeros padres y madres eran estas mismas entidades.
Esta historia está plasmada con tinta de grana cochinilla, tonos que mantienen viva la memoria ancestral.
El curador Esteban Soto destacó que esta iniciativa pictórica no se montó, se sembró, y como toda siembra, aguarda las lluvias que broten desde el corazón.
La muestra incluye libros de la SEP ilustrados por Savi, junto a poemas de Celerina Sánchez y José Luis Feliciano, ambos mixtecos del pueblo de la lluvia y colaboradores cercanos, lo que subraya el carácter colectivo del proyecto.
Cerámica, textiles bordados y piezas que evocan códices prehispánicos reinventados completan la propuesta. No hay recreaciones turísticas; predominan la crudeza, la intensidad y el amor sin artificios.
En mi comunidad siguen tallándose jícaras, elaborándose cerámica y tejiéndose textiles en telar de cintura, con un detalle y colorido que me inspira, dijo el artista, quien tiene formación en agronomía y combina ese conocimiento técnico con su sabiduría ancestral.
Por eso también representa lo invisible: micorrizas, insectos y microorganismos que sustentan la vida.
Mi trabajo recupera una raíz que aún palpita en los surcos y en la sangre de mi gente. No es nostalgia ni vuelta al pasado; es una siembra colectiva, un pacto con la memoria viva. Aquí no hay tragedias ni folclor, sino una genealogía que busca florecer de nuevo, concluyó.
Pueblo de la lluvia se puede visitar de lunes a domingo de 8 a 20 horas en la Biblioteca Vasconcelos (Eje 1 Norte s/n, colonia Buenavista, alcaldía Cuauhtémoc). La entrada es gratuita y concluirá el 6 de julio.
Con información de: La Jornada
CD/AT
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