May 13, 2026 / 09:39

Exhiben en Nueva York obra de Lilia Carrillo, figura clave de la Generación de la Ruptura

Nueva York.- Cada año la Americas Society (AS), espacio de exhibición en Nueva York, muestra la obra de una artista latinoamericana tal vez “desestimada” históricamente. En esta ocasión la mexicana Lilia Carrillo (1930-1974) será la protagonista de Rupturas y premoniciones, exposición de 25 pinturas, realizadas entre 1960 y 1974, y material de archivo, que será inaugurada hoy. La serie Mujeres artistas de Americas Society se inició en 2022 con una muestra de la escultora mexicana Geles Cabrera.

La exhibición cuenta con el libro catálogo bilingüe (español/inglés) publicado en México con motivo de Lilia Carrillo: Todo es sugerente, muestra de más de un centenar de obras montada hasta el pasado 8 de febrero en el Museo del Palacio de Bellas Artes, la cual recibió 339 mil 245 visitantes. Es la primera vez que una publicación de este tipo es coeditada por la Fundación Mary Street Jenkins para acompañar las exhibiciones del museo.

Tobías Ostrander, curador de Rupturas y premoniciones, se ha enfocado en el periodo mencionado, debido a que en 1960 la artista desarrolló un estilo “maduro” en la abstracción lírica o la abstracción en general. Enfatiza el concepto de rupturas y premoniciones, ya que Carrillo fue la principal protagonista de la Generación de la Ruptura, a la vez que “juega” con que “ruptura” la superficie de sus cuadros y juguetea con la superficie de sus pinturas de diferentes maneras.

Respecto de “premoniciones” recuerda que Carrillo pintó la obra Premonición en 1970, cuando sufrió una aneurisma espinal y quedó paralizada. Después de dos años de terapia física logró recuperase; sin embargo, en 1974 murió a consecuencia de complicaciones relacionadas con este problema médico. Ostrander también emplea el término en la exposición para destacar “el cambio de ánimo que ocurre en su trayectoria entre 1960 y 1974”.

Crítica a la figuración

Al igual que con los demás integrantes de la Generación de la Ruptura, cuando Carrillo comenzó había una especie de energía a su alrededor, una crítica a la figuración y, en su caso, una celebración de la abstracción. Para el curador, “la naturaleza progresiva de la abstracción a principios de los años 60 estaba ligada al crecimiento de la Ciudad de México como un contexto más cosmopolita”. Aquellos artistas se interesaron por los vínculos de la abstracción con el expresionismo abstracto de Estados Unidos, así como el informalismo español.

En su trabajo Carrillo responde a “la sobredificación en la Ciudad de México, la contaminación y, luego, en 1968 una especie de represión política. Lilia responde a eso de manera sutil en su trabajo, en el marco de su lenguaje abstracto”. Estos temas son evidentes en óleos como Contaminación primaveral (1968) y Detrás del muro, del mismo año, cuya lectura podría ser del “cierre de las libertades”, mientras Sin nubes y sin estrellas (1974) es un guiño hacia sus propios males físicos.

De acuerdo con el especialista, Carrillo está en consonancia con alguien como el surrealista Wolfgang Paalen, debido a su interés en el automatismo, lo síquico y las acciones gestuales. Coincidieron en la misma galería, la de Antonio Souza, en 1957 y 1958.

El trabajo de Carrillo a veces voltea a ver la obra de Rufino Tamayo y dialoga con su pintura en diferentes tiempos. Esto, en la medida que aparece en ella una “figuración arcaica”, quizá dirigida hacia las formas prehispánicas. Carrillo, sin embargo, fue más “universalista” al pensar en el consciente colectivo, no occidental, y aquellos estados no racionales en su trabajo también. Es decir, asentir respecto a la exploración síquica de su propio inconsciente.

El nombre de Lilia Carrillo siempre ha sonado mucho, especialmente en relación con los murales encargados a varios artistas, con los que México participó en la Feria Mundial de Osaka, en 1970. No obstante, parece que todo se acaba allí. ¿A qué se debe esto? “Murió demasiado joven”, aventura Ostrander. Asimismo, “el tipo de abstracción que perseguía, que era gestual y atmosférica, no tenía pares, es decir, colegas que lo persiguieran de la misma manera”.

Por otro lado, como artista mujer estaba en un punto intermedio entre las “fuertes voces feministas que surgieron hacia finales de su vida, campo en que tampoco tenía cabida, ya que su trabajo no se dirigía a este tipo de experiencia directamente. Era una mujer en una esfera masculina, si bien en su trabajo no hablaba de género”.

Ostrander anota que Carrillo no produjo “toneladas de obra porque murió joven y trabajaba muy despacio”. Tampoco inició una “escuela de pensamiento”. No tuvo discípulos de la misma manera que otras personas”. Sus pinturas miran hacia lo que pasaba en lo internacional, pero al mismo tiempo son “realmente únicas. Hacen lo suyo. Se escapan de los diferentes marcos en los que uno quiere ponerlos”.

Lilia Carrillo: Rupturas y premoniciones se inaugura hoy en la Americas Society, ubicada en Park Avenue 680, Ciudad de Nueva York.

Con información de: La Jornada

CD/AT

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