
Espiral de emociones en un mundo híbrido
La delgada línea entre mi opinión y la tuya
Julio Vallejo
Salí de vacaciones con un solo objetivo: el silencio. Buscaba ese apagón mental, donde el cuerpo descansa y la mente se resetea. Sin embargo, el mundo no descansa; no para de girar ni, mucho menos, se toma días libres.
Mi viaje comenzó con la sencillez de unos deliciosos tamales de dulce y salsa roja, hechos a fuego lento con leña en un poblado lejos del bullicio. Pero pronto regresé a la sociedad citadina, donde fui testigo de que aún existe el amor. Vi la unión de dos seres, jurando lealtad en la salud y en la enfermedad, en la pobreza y la riqueza; esto, ante dos familias que se entrelazan en una nueva historia. De la luna de miel no puedo hablar —no me invitaron—, pero mi propio camino me llevó a República Dominicana. A participar en el Segundo Congreso Internacional “Fiesta de Letras”, donde tuve la dicha de presentar mi libro, “El Limbo de María”.
Más allá del éxito, fue sumamente enriquecedor el intercambio cultural con voces de España, Uruguay, Colombia, El Salvador, Perú, Puerto Rico y Ecuador. Reafirmé que las letras como las amistades hechas ahí son fundamentales en la vida del ser humano: con ellas transmitimos emociones, estimulamos la imaginación y mejoramos nuestro lenguaje para entender la complejidad social y personal.
Ya en el aire, de regreso, encendí mi celular, el mundo y la tecnología me dio la bienvenida con su extrañeza: noticias de humanos que se identifican psicológicamente como animales “Therians”. Quiénes nos recuerdan que la identidad hoy es más fluida que nunca. Al aterrizar, la realidad de la información dio un giro espectacular: el asesinato del narcotraficante más buscado en México. La seguridad se movilizaba, las sirenas lloraban y las torretas iluminaban la noche y oscurecían el balón del mundial 2026 en México, así como otros eventos deportivos de gran trascendencia. Toda esa información me “escupió” en mi cama, dándome apenas un momento de tranquilidad en los brazos de Morfeo.
Pensé que soñaba, pero al despertar y encender la TV, la guerra en Medio Oriente ya era un hecho. Mi instinto animal más no como therians, me hizo correr diez kilómetros y subirme a un parapente. Necesitaba aire. Volar me dio esa paz de estar, por un momento, lejos de todo lo que pasaba en la tierra.
La vida es como una hibridación cruel y un espiral de emociones. En la pantalla de mi celular repaso fotos de paz y tranquilidad, que me tomé en aquella alfombra color marfil con fondo azul turquesa del mar, cuando el sonido de alerta de msj me da la triste noticia que un compañero ha fallecido; minutos después, recibo una invitación para un evento literario en Colombia.
Así es nuestra existencia: una delgada línea entre el descanso y el trabajo, entre la tragedia y el amor. Al final, la paz no es la ausencia de noticias, sino la capacidad de procesar esta mezcla de lo efímero (la muerte) y lo esperanzador (amor/una boda) sin romperse en el intento.
La distancia no borra lo que compartimos. Descansa en paz, Walter Ramírez.
CD/YC
* Las opiniones y puntos de vista expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de Cambio Digital.
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