Feb 25, 2026 / 04:30

El mole poblano: tradición, mestizaje y sabor ceremonial

El mole poblano es considerado una de las máximas expresiones de la cocina mexicana y un claro ejemplo del mestizaje cultural que dio forma a la identidad del país. Originario de Puebla, este platillo destaca por la complejidad de su preparación y la profundidad de sus sabores, resultado de la fusión entre ingredientes prehispánicos y aportaciones europeas tras la Conquista.

En su base se encuentran productos nativos como distintos tipos de chiles secos —ancho, mulato, pasilla—, cacao, jitomate, semillas y tortillas tostadas, a los que se sumaron especias traídas de Asia y Europa como la canela, el clavo y la pimienta. Esta combinación da origen a una salsa espesa, de tono oscuro y aroma intenso, en la que conviven notas dulces, picantes y ligeramente amargas. Cada familia y cada cocinera tradicional puede variar proporciones e ingredientes, lo que convierte al mole en una receta viva que se transmite de generación en generación.

Una de las leyendas más conocidas sitúa su creación en el convento de Santa Rosa, en Puebla, donde monjas agustinas habrían improvisado el platillo para recibir a un alto representante virreinal. Aunque no existe un registro histórico definitivo que confirme esta versión, la historia forma parte del imaginario popular y refuerza el carácter ceremonial del mole. En realidad, preparaciones similares ya existían en la época prehispánica, donde la palabra “molli” en náhuatl hacía referencia a diversas salsas.

Tradicionalmente, el mole poblano se sirve con guajolote —animal domesticado en Mesoamérica— o pollo, acompañado de arroz blanco y tortillas recién hechas. Su elaboración puede implicar más de veinte ingredientes y varias horas de trabajo: limpiar y desvenar chiles, tostarlos con cuidado para evitar que amarguen, freír especias y semillas, moler cada elemento hasta lograr una textura tersa y finalmente integrar todo en una cocción lenta que permita que los sabores se amalgamen.

Por su complejidad y el tiempo que requiere, el mole poblano se asocia a celebraciones especiales como bodas, bautizos, cumpleaños y fiestas patronales. No es simplemente un platillo cotidiano, sino un símbolo de abundancia, hospitalidad y tradición. Con el paso del tiempo ha trascendido fronteras y hoy es reconocido internacionalmente como uno de los grandes estandartes de la gastronomía mexicana, reflejando en cada bocado la riqueza histórica y cultural de México.

CD/AT

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