Ene 08, 2026 / 14:20

El Centro Histórico, entre el abandono y la oportunidad

Durante años, el Centro Histórico del puerto de Veracruz ha sido un reflejo incómodo de la desatención institucional. Edificios cerrados, inmuebles en ruinas y calles que, pese a su enorme valor simbólico y turístico, han quedado fuera de las prioridades públicas. Por eso, el anuncio de la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle García, de impulsar su recuperación no pasa desapercibido y abre una ventana de expectativa… y de cautela.

La estrategia, inspirada en el modelo aplicado en Oaxaca, apunta a un enfoque que ha probado ser eficaz. Rescatar espacios históricos para darles un uso productivo con vocación turística. Restaurantes, galerías, centros culturales y servicios pueden devolverle vida al corazón del puerto, siempre que el proyecto no se quede en buenas intenciones ni en renders atractivos.

Uno de los aciertos del planteamiento es el reconocimiento de la propiedad privada y la intención de convocar a los dueños de inmuebles abandonados para integrarlos al desarrollo. Sin embargo, ahí radica también el principal reto. Lograr acuerdos reales, financiamiento suficiente y reglas claras que eviten la especulación o la gentrificación que termine expulsando a quienes aún habitan la zona.

La promesa de inversión estatal y coordinación con el Colegio de Urbanistas y el Ayuntamiento suena alentadora, sobre todo si se traduce en planes técnicos, diagnósticos serios y ejecución transparente. No obstante, la historia reciente obliga a preguntar si esta vez sí habrá continuidad y resultados medibles.

Además, resulta pertinente que el gobierno estatal no pierda de vista el equilibrio. Rescatar el Centro Histórico es importante, pero también lo es atender las colonias periféricas que siguen padeciendo rezagos en pavimentación y drenaje. El desarrollo urbano no puede concentrarse sólo donde es visible para el turismo.

La recuperación del centro de Veracruz no es sólo una obra urbana; es una prueba de voluntad política. Si se hace bien, puede convertirse en un motor económico y cultural. Si se hace a medias, será otro proyecto que se suma a la larga lista de promesas incumplidas. El puerto, y su historia, merecen algo mejor.

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