El apocalipsis sexual de los reptiles
Estados Unidos.- Dentro de los misterios de la naturaleza, el sexo en el reino animal es uno de los más enigmáticos. En una clase de anatomía humana se dice que el hombre es quien determina el sexo, pero con los reptiles ni hembras ni machos tienen esa jurisdicción.
Entonces ¿quién es el responsable? La temperatura. De acuerdo con el Benjamin Parrott, ecólogo de la University of Georgia, los caimanes americanos de Carolina del Sur incuban a 32°C en pilas de desechos que se descomponen lentamente, para mantener un equilibrio entre machos y hembras. Si la temperatura es más baja solo se gestarán hembras, si ocurre lo contrario solo nacerán machos.
En el caso de las tortugas, la dinámica es un poco diferente. Arriba de los 29°C se promueve la población de hembras, mientras el desarrollo de los machos se favorece con un ambiente más frío. A diferencia de los caimanes, las tortugas no regulan el calor de sus futuras crías con nada, dependen únicamente de la arena.
El problema, en ambos casos es el cambio climático el cual genera un desequilibrio entre sexos. Si bien los caimanes son capaces de regular el clima para sus huevos, ¿qué futuro les depara si el ambiente es cada vez más caliente? En el pasado, estos animales migraban libremente para mantener el equilibrio entre sexos, ahora es más complicado debido a la urbanización la cual rechaza a este tipo de animales.
El caso de las tortugas es diferente pues tienen mayor aceptación en nuestro mundo, pero ellas no regulan la temperatura de sus crías. Los ecólogos deben encontrar alguna forma de ayudarlas. Con este fin Rachel Bowden, especialista en tortugas de agua dulce de la Illinois State University, busca colocar montículos húmedos a base de musgo y troncos podridos. Ha observado que a este tipo de tortugas les gusta anidar en lugares frescos.
Aunque los animales anteriormente mencionados están en peligro de extinción, si viajamos a Nueva Zelanda nos encontramos a los tuátaras. Reptiles sobrevivientes a la era de los dinosaurios los cuales han sido depredados intensamente por el hombre, y en menor medida por otras especies. Según la especialista en estos animales Alison Cree de la University of Otago un tuátara tarda 13 años en llegar a su etapa reproductiva, además sus huevos eclosionan hasta un año después de ser liberados por la hembra.
La vulnerabilidad de estos reptiles radica en sus hábitos, siempre anidan en el mismo lugar y su hábitat solo existe dentro de Nueva Zelanda. En este caso la migración no es una opción, lo único que podría funcionar es mantener su ambiente en condiciones óptimas.
¿Qué consecuencias tendría un mundo sin reptiles?
Con información de: La Jornada
CD/AT
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