Oct 20, 2026 / 09:21

De la selfie al plástico: la amenaza de El Laurel

Omar Zúñiga

*El depredador más peligroso camina erguido

Segunda de tres partes

Vega de Alatorre, Ver.- Es de madrugada, las 4:00 horas, es el tiempo para poder hacer un recorrido de la mano de los guías expertos de Arena Viva.


Sandalias, botas de treking, pantalón corto o traje de baño son indispensables para el recorrido, lámparas de luz roja… pero sobre todo, mucho ánimo, sentido de la responsabilidad y el respeto por la vida animal.


Una, dos, tres… diez, veinte o más tortugas hembra en esta playa que ha sido tocada por la mano de Dios.


Se nos permite acercarnos al nido porque la tortuga ya está desovando, en este momento mágico, en que la piel se eriza y la emoción rasa los ojos, se nos explica que la madre entra en un estado de abstracción absoluta, catatónico, en el que no importa nada más que depositar la vida de los cientos de huevos que traen dentro, a la espera de que eclosionen y dejen salir a las crías, unos 60 días después.

El depredador más peligroso

Una tortuga verde tarda años en llegar a la edad de desovar y regresa a la región donde nació para hacerlo.


Pero lo difícil no es el viaje, son los últimos metros de arena, ahí la esperan perros, palapas, focos, plástico y, el peor depredador de todos: el turista fanático que quiere subirse en ella para la selfie del Facebook.


En la primera entrega revisamos que El Laurel es casi la mitad del Santuario Playa Lechuguillas y que el tramo de costa donde se ubica, registró en 2023 su récord de 17 mil 778 nidos.


También vimos que esta playa no tiene una serie de datos propia.


Esta vez toca lo incómodo, qué amenaza a las tortugas y qué no sabemos porque nadie lo ha medido.

Los enemigos de la tortuga: de la selfie al plástico

La amenaza más vergonzosa y grande camina erguida y tiene celular.


En julio de 2019, el propio Gobierno de Veracruz documentó en el corredor El Raudal–El Laurel a visitantes manipulando tortugas, crías y huevos, caminando sobre nidos y hasta montándose en hembras adultas para la selfie.


Sí, así como lo lee y a pesar de que el gobierno anunció vigilancia, nunca publicó cuántos incidentes hubo ni qué daño causaron, ni cómo se iba a vigilar.


La tesis de la UAM agrega una lista que cualquier brigadista conoce de memoria, perros, cangrejos, inundación de nidos, erosión, palapas y entradas a la playa, y presencia humana.


Ninguno de esos riesgos está medido en términos de nidos perdidos por temporada.


Luego está lo que no se ve. En noviembre de 2021, un equipo del Instituto Tecnológico de Boca del Río encabezado por Belem Anahy Estrella Jordan muestreó seis nidos in situ y nueve de corral en El Laurel y encontró microplásticos en la arena donde incuban los huevos.


Un estudio hermano encontró microplásticos en 94 por ciento de las muestras de playas entre Nautla y Vega de Alatorre, 55 por ciento de ellos polietileno, el de las bolsas y muchos envases “ecológicos”.


Todavía no se sabe qué efecto tiene eso en las crías, pero que el plástico ya esté en la cuna definitivamente no es una buena señal.


El marco legal existe; la NOM-162 obliga a conservar la vegetación y la dinámica de la arena, retirar objetos de la playa, controlar la iluminación y prohibir vehículos durante la temporada.


Lo que no existe es un informe público de cuánto de esta NOM se cumple, que según conservacionistas, es una mínima parte.

Lo que nadie ha contado

Y aquí está el quid del asunto, pues Veracruz presume cientos de miles de crías liberadas, pero no tiene una base pública con datos por playa, especie y temporada, los huecos son concretos:


• El Laurel no tiene serie propia. Sus nidos se reportan revueltos con El Raudal y Navarro. No se puede decir cuántos nidos tuvo El Laurel en 2023, el año récord.


• Nadie cuenta hembras. Un nido no es una tortuga: una hembra pone varios por temporada. Sin conteo de hembras no hay forma de saber si la población crece.


• El esfuerzo no se hace público, sin conteo de kilómetros recorridos, noches de patrullaje ni número de brigadistas, un año malo puede ser simplemente un año con menos gente en la playa.


• Las cifras oficiales se contradicen, dos totales para 2025, dos columnas “2021”, dos cifras de crías para 2022, sin nota que lo explique.


• Cero datos económicos. No hay cifras de visitantes, ingresos ni empleos que el ecoturismo tortuguero deje en El Laurel.

La solución no es de ciencia espacial ni es como llevar café a Marte, bastaría con que SEDEMA, CONANP, PROFEPA, las universidades y los grupos comunitarios como Arena Viva publiquen una tabla común por playa y temporada, con su esfuerzo de patrullaje y su fecha de corte.


Gente que ya sabe medir, que conoce a fondo tanto la especia como la problemática existe, como la maestra Amelly Ramos Díaz.


Lo que hace falta es voluntad.

En la tercera y última entrega: Arena Viva, el grupo comunitario de El Laurel que decidió atacar las causas.

CD/YC

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