Ene 08, 2026 / 11:18

Cazarín: La marca del nepotismo

Crónicas del Poder

José Luis Pérez Cruz

- Pese advertencias de Morena, familia se inserta en el gobierno de Hueyapan

El nepotismo no es una anécdota menor ni un vicio administrativo tolerable: es una forma de corrupción política que erosiona la confianza ciudadana y vacía de contenido cualquier discurso de transformación.

En el ámbito municipal, donde el poder es más cercano y los recursos más visibles, este fenómeno resulta todavía más dañino.

Hueyapan de Ocampo se ha convertido en un caso emblemático de esa práctica que Morena prometió erradicar, pero que hoy parece normalizada bajo el amparo de un apellido con peso político: Gómez Cazarín.

Cuando Juan Javier Gómez Cazarín anunció en marzo del año pasado que su hermano Luis Alberto desistía de competir por la candidatura de Morena a la alcaldía, el mensaje parecía alineado con la línea nacional marcada por Luisa María Alcalde: cero tolerancia al nepotismo.

Aquella decisión fue presentada como un gesto de congruencia política y respeto a los principios del movimiento. Sin embargo, el tiempo se encargó de desmontar esa narrativa.

La realidad terminó imponiéndose con crudeza. Esta semana, el mismo hermano que “se bajó” de la contienda asumió el cargo de secretario del Ayuntamiento de Hueyapan de Ocampo, municipio gobernado hasta el 31 de diciembre de 2025 por su propio padre, Juan Gómez Martínez. El relevo político no rompió la lógica familiar; simplemente la reacomodó.

TODO QUEDA EN FAMILIA

El problema no se limita a un nombramiento. El cabildo encabezado por Armando Ramón Caldelas completó el cuadro al designar como tesorero a Andrés Marcial Gómez, primo del delegado federal; a su prima Pamela Marcial Gómez como directora del Ramo 033; y a José Miguel Cazarín, su otro primo, como director del DIF Municipal.

Todos, sin excepción, pertenecen al mismo núcleo familiar ampliado. El mensaje es claro: el poder municipal sigue siendo un asunto de casa.

Este entramado de parentescos no sólo contradice el discurso de Morena, sino que lo desafía abiertamente.

No se trata de un error administrativo ni de una omisión involuntaria, sino de una decisión política consciente que prioriza la lealtad sanguínea sobre la capacidad profesional.

El resultado es una administración percibida como cerrada, excluyente y ajena a los principios de mérito y transparencia.

Las reacciones ciudadanas no se hicieron esperar. En redes sociales, los reclamos apuntan a una indignación acumulada.

La pregunta que circula entre los habitantes de Hueyapan de Ocampo es tan simple como demoledora: ¿por qué insistir en reciclar a los mismos personajes cuando existen ciudadanos con probada capacidad y trayectoria para ocupar esos cargos? La percepción de que “ya se llenaron los bolsillos” no surge de la nada; es el saldo de años de opacidad y decisiones discrecionales.

PROFUNDIZAN PERCEPCIÓN

El episodio de finales del año pasado, cuando el entonces alcalde Juan Gómez Martínez fue exhibido a nivel nacional al intentar inaugurar una calle inconclusa, no fue un hecho aislado. Fue un síntoma del desgaste político de una familia que ha confundido gobierno con patrimonio personal. Hoy, lejos de corregir el rumbo, el nuevo ayuntamiento profundiza esa percepción.

El impacto político de este caso va más allá de Hueyapan de Ocampo.

Morena enfrenta un dilema serio: o actúa con firmeza y coherencia frente al nepotismo, o acepta que sus principios son negociables cuando se trata de cuadros con influencia. La tolerancia selectiva es el camino más corto hacia la pérdida de credibilidad.

A futuro, el escenario es complejo. Si el partido guarda silencio o minimiza el tema, corre el riesgo de que el caso se convierta en referente nacional de incongruencia.

Si interviene, deberá asumir el costo político de confrontar a uno de sus operadores más visibles en Veracruz. En ambos casos, el daño ya está hecho.

El nepotismo no sólo lastima a la administración pública; lastima a la democracia local. Hueyapan de Ocampo es hoy el espejo incómodo de una promesa incumplida. Y mientras ese reflejo no sea atendido, el discurso de cambio seguirá siendo eso: discurso.

joluperezcruz@hotmail.com

CD/VC

* Las opiniones y puntos de vista expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de Cambio Digital.

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