Ene 02, 2026 / 10:46

Al final, Stranger Things se perdió en un laberinto de tonterías de ciencia ficción

México.- “Algo se acerca”, susurra un niño a sus amigos reunidos. “Algo sediento de sangre”. Es 1983 o 2016 y estás en Hawkins, Indiana, o en tu sofá, jugando a Dungeons & Dragons… o viendo Stranger Things. Durante la década transcurrida desde que conocimos por primera vez a los jóvenes protagonistas, la serie, creada por los hermanos Duffer, se ha convertido en una sensación internacional, impulsando carreras y generando un imperio de videojuegos, novelizaciones, pódcasts y una obra de teatro. Ahora, termina donde empezó, con una última tirada de dados para nuestros intrépidos jugadores.

Con el mundo entero en peligro por la conquista de Vecna (Jamie Campbell-Bower), la pandilla ejecuta su último y desesperado plan. Once (Millie Bobby Brown) se dirigirá al Abismo, se unirá a Max (Sadie Sink) e intentará sacar a los recipientes de Vecna –los niños secuestrados, incluyendo a Holly Wheeler (Nell Fisher)– de su prisión síquica. Si lo logran, podrían preparar un enfrentamiento final con el oscuro señor del Mundo del Revés, uno en el que El necesitará toda la ayuda posible. “Una última pelea”, les dice Mike a sus compañeros, “y se acabará toda esta pesadilla”. Y así se lanzan al trote, hacia un final de larga duración que pondrá a prueba la paciencia y los llevará a las entrañas de la bestia, y a los espectadores a las entrañas del desconcierto.

Esta temporada final de Stranger Things, que llega después de un paréntesis de tres años, se ha sentido cargada de muchas responsabilidades. Los actores (en gran medida) han pasado a otros proyectos y han envejecido fuera de sus roles, y está claro que la prolongada historia necesitaba concluir. Pero el programa sigue siendo la propiedad intelectual original más importante de Netflix, y su conclusión es una oportunidad para distraer de un año decepcionante (creativamente). Sin embargo, la temporada final ha recibido una respuesta mixta, ya que la maraña de hilos narrativos comienza a oscurecer la famosa química chispeante del programa. “Somos como Dorothy en Oz”, se lamenta Max, “excepto que no hay camino de baldosas amarillas”. E incluso con el final a la vista, el programa es peligrosamente confuso. ¿Qué es exactamente el Mundo del Revés? ¿Cómo funciona el Abismo? ¿Por qué Vecna usa a estos niños robados? ¿Cuál es la relación entre Henry Creel, el Azotamentes, el Dr. Brenner y Once? ¿Y por qué el programa eligió a Linda Hamilton y luego sólo le dio unos cinco minutos de tiempo en pantalla?

La trama de esta serie me ha dejado, como a muchos fanáticos, según Internet, desconcertado. Pero claro, el gran éxito de Stranger Things siempre ha sido su reparto, no su guion. Joyce, interpretada por Winona Ryder, fue un excelente ancla para las emociones de la serie, pero ha quedado relegada esta temporada, ya que los guionistas parecen no saber cómo integrarla en una narrativa más basada en la acción. David Harbour, de igual forma, fue una contratación inspirada: brusco, roto, pero en definitiva entrañable. Y en su joven reparto,Netflix ha elegido a algunas estrellas: Finn Wolfhard se ha convertido en una figura carismática en pantalla, Dustin Matarazzo tiene un ritmo cómico natural y Sink es ahora una actriz dramática de renombre. Es difícil evitar la sensación de que Netflix está preparando a su nueva estrella, Fisher, para un posible spin-off. Con Joe Keery y Maya Hawke (Steve Harrington y Robin Buckley, respectivamente), se encontraron dos posibles estrellas, y quizás la mejor pieza del reparto posterior fue Campbell-Bower, conocido por sus papeles en Sweeney Todd y Harry Potter, en el doble papel de Vecna y Creel. Su actuación, en particular, realza este final.

Es una pena, entonces, que esta quinta y última temporada se haya desviado tanto del trabajo establecido de los personajes de la serie, y se haya convertido en otra aventura de Rock’Em Sock’Em CGI. De niños normales, se han convertido en “viajeros espaciales interdimensionales”. Dustin ha pasado de ser un chico inteligente a un astrofísico literal; Nancy, de una reina del baile sorprendentemente dura a una ruda al estilo de Ellen Ripley. Parte de esto es desarrollo del personaje, pero es más que una consecuencia de que las apuestas son cada vez más altas, la amenaza se vuelve cada vez mayor. “Tenían mucho más que superar que sólo la pubertad”, le dice Hopper a Joyce. No es mierda. Ahora son héroes de acción que pueden enfrentarse a kaijus y hacer que el ejército de Estados Unidos parezca los soldados de asalto de Darth Vader.

Al final, los hermanos Duffer casi logran enderezar el barco en el acto final. Esto tiene cierto componente de fan service (la escena de Will saliendo del armario, en el penúltimo episodio, fue un momento particularmente torpe donde el discurso pareció colisionar con la narrativa), pero garantiza que cada uno de nuestros personajes principales –El, Mike, Will, Dustin, Lucas, Max, Nancy, Jonathan, Steve, Robin, Joyce y Hop– reciba una despedida que complete su arco argumental. Esto ayuda a compensar el desenlace de Upside Down, que es interminable, anticlimático y tan confuso que es difícil no renunciar a la exposición.

Agujeros de gusano, mundos paralelos, mentes colmena, dimensiones, portales y grietas. No dejen que toda esta palabrería seudocientífica los distraiga de que, en definitiva, Stranger Things es una serie sobre crecer en un pueblo aburrido en medio de la nada. Matt y Ross Duffer, inspirados por Los goonies y E.T., han creado una saga de madurez para la actualidad. Puede que se haya perdido en un laberinto de disparates de ciencia ficción, pero seguirá influyendo en una generación de espectadores de la misma forma que, hace un par de décadas, las obras de Steven Spielberg inspiraron a dos jóvenes hermanos.

Con información de: La Jornada

CD/AT

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