Ago 20, 2024 / 18:11

¡Aguas! Tu respiración atrae a los mosquitos y no la sangre

Los insectos eligen a sus víctimas en función de la cantidad de dióxido de carbono que emiten al respirar, según un estudio

El Día Mundial del Mosquito, celebrado cada 20 de agosto, nos recuerda la importancia de estos pequeños insectos en la salud pública global. Este día conmemora el descubrimiento de Sir Ronald Ross en 1897, quien identificó que los mosquitos del género Anopheles eran los vectores de la malaria, lo que marcó un logro en la lucha contra las enfermedades transmitidas por mosquitos.

Recientemente, estudios realizados por investigadores de la Universidad Rockefeller han revelado detalles fascinantes sobre cómo los mosquitos encuentran a sus víctimas humanas. A diferencia de la creencia popular de que los mosquitos se sienten atraídos por la “dulzura” de la sangre, la realidad es que lo que más les atrae es el dióxido de carbono (CO₂) que exhalamos al respirar. Los mosquitos, especialmente las hembras de la especie Aedes aegypti, utilizan un sistema olfativo extremadamente complejo para detectar el CO₂ y otros compuestos químicos presentes en el olor corporal humano, lo que les permite localizar a sus víctimas con una precisión sorprendente.

Este sistema olfativo es tan robusto que incluso cuando los científicos intentan “desactivar” ciertos receptores olfativos en los mosquitos, estos insectos aún logran encontrar y picar a los humanos. Esto se debe a que los mosquitos han desarrollado un sistema de “respaldo” en su capacidad de detectar olores, donde cada neurona olfativa puede detectar múltiples tipos de señales químicas, asegurando que puedan seguir rastreando a sus presas incluso si uno de sus receptores falla​​​.

Esta resiliencia del sistema olfativo del mosquito plantea desafíos significativos en el desarrollo de nuevos métodos para prevenir picaduras y controlar la propagación de enfermedades como el dengue, el zika y la malaria. Sin embargo, también abre nuevas vías de investigación para comprender mejor cómo estos insectos perciben su entorno y cómo podríamos manipular su comportamiento para proteger la salud pública.

Para más detalles sobre este estudio, puedes consultar la publicación en Rockefeller University o la revista Cell donde se publicó el trabajo científico original.

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Con información de: Excélsior

CD/GL

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