May 07, 2022 / 06:00

📜 Efemérides del Periodismo Mexicano: Julio Manuel Vicente y Sesto

Julio Manuel Vicente y Sesto murió el 7 de mayo de 1960 en la Ciudad de México; nacido en Pontevedra, España, en 1879, llegó a nuestro país en 1897 y desde entonces inició sus colaboraciones en el periodismo nacional y las mantuvo con regularidad hasta su fallecimiento.

Trabajó en El Imparcial, El Mundo y la revista Hoy, entre otras publicaciones. Fue profesor de literatura de la Universidad Nacional y autor de diferentes obras: Azulejos, (del que adquirió popularidad el poema “Las abandonadas”), La bohemia de la muerte, La tórtola del Ajusco, La casa de las bugambilias, La emperatriz Moreno, Como ardían los muertos, La Ciudad de los palacios, El México de Porfirio Díaz, Psicología amorosa, Estudios Psicológicos, En torno al amor, Historia pasional del amor en América, etcétera.

En la bohemia de la muerte publicada en 1929 y dedicada al presidente de México, Emilio Portes Gil, “con la sugestión afectuosa de que trace un camino más amplio hacia el porvenir de las clases pensadoras”, Julio Sesto se propuso escribir “Biografías y anecdotario pintoresco de cien mexicanos célebres en el arte, muertos en la pobreza y el abandono, y estudio crítico de sus obras”. Sin embargo, llegó a cuarenta hombres “y nos falta todavía hablar de los cincuenta o sesenta restantes.

Esto necesitaría otro libro. Bien podrían escribirse otros dos tomos. Como ello no es posible, que nos perdonen los muertos si los citamos en grupos haciendo el resto del comentario en torno de un montón de cadáveres, un ilustre montón de cadáveres ilustres”.

El título de La bohemia de la muerte se explica por la “Filípica” con que abre la serie de biografías, entre ellas las de no pocos periodistas, algunos que han sido virtualmente olvidados, que dice entre otras cosas:

Es necesario ir dejando ya esa vieja y desacreditada costumbre de embriagarse continuamente con alcohol, so pretexto de incomprensión artística o de que sufre porque el medio no es propicio a la literatura, a la escultura o a la música. La embriaguez nunca justificará a nadie.

Y precisamente los intelectuales, por estar mejor dotados de pensamiento que los entes vulgares, deben dar el ejemplo de avanzar serenos y puros a las cumbres de la vida, con el resplandor de la voluntad en el pecho y el destello del ideal en la frente.

Cuanto más alto sea el artista y más elevados sea el pensador, más obligado está a ser pulcro, decoroso y digno.

CD/YC

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