Abr 14, 2022 / 06:00

📜 Efemérides del Periodismo Mexicano: Teresa Vera

La poetisa Teresa Vera, que nació el 14 de abril de 1834 en Comacalco, Tabasco, y murió el 29 de mayo de 1859 en Centro (Anteriormente, Villahermosa), capital de esa entidad federativa, dejó escrito su nombre en libros como El periodismo en Tabasco, de Francisco J. Santamaría; Biografías de mexicanos distinguidos, de Francisco Sosa; Poetas yucatecos y tabasqueños, de Manuel Sánchez Mármol, y Efemérides biográficas (defunciones y nacimientos) de Manuel Mestre Ghiagliazza.

Santamaría anota que Teresa Vera firmaba con el seudónimo Ester Arave en La abeja, “Semanario político independiente redactado por los sostenedores de la candidatura de don Victorio Dueñas para el Gobierno de Tabasco”, en Centro, en 1859. Los otros autores mencionados señalaban en sus obras el valor literario de los escritos de Teresa Vera. Tras su determinación de suicidarse.

Sus poesías, que hasta entonces sólo habían circulado inéditas entre sus amigos y amigas, comenzaron desde aquella fecha a ver la luz pública en El Demócrata, bajo el anagrama de su nombre, Ester Arave.

En ellas todo encomio está de más; hasta leerlas para comprender que la que así cantaba no podía menos de ser una inspirada poetisa cuya irreparable pérdida tendrán que llorar las musas por mucho tiempo.

Francisco Sosa cuenta que Teresa era una niña cuando quedó huérfana, y sus hermanos sólo pudieron proporcionarle los rudimentos de la educación primaria; sin embargo esto no fue un obstáculo insuperable para la manifestación de su privilegiado talento.

Hemos leído – añade Sosa – las sentidas composiciones de la poetisa tabasqueña, y hemos admitido en ellas dotes excelentes, apenas opacadas en algunas estrofas por incorrecciones propias de quien no ha hecho estudio de ningún género, ni aun siquiera tenido a la vista los grandes modelos.

Teresa Vera, además, no trasladaba al papel las impresiones de su alma con la intención de publicarlas y conquistar celebridad en el mundo literario, cantaba para traducir sus penas, para desahogar su pecho. ¡Con que exquisita naturalidad comienza uno de sus más bellos poemas diciendo:

Aquí rodeada de silencio y calma, /la soledad y mi dolor bendigo;/ aquí padece y se lamenta el alma;/ ¡Nadie es aquí de mi dolor testigo!

Desastroso fue el fin de la cantora del Grijalva, pues no pudiendo hacerse superior a los dolores, buscó en la muerte la paz que siempre huyó de su alma, el 29 de mayo de 1859.

CD/YC

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