Sitio arqueológico en Yucatán revela la forma de vida de los mayas olvidados
Yucatán.- K’oxol Ja’ II es un asentamiento arqueológico ubicado en Yucatán, descubierto, registrado y preservado in situ por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), que consta de 21 monumentos y cuya evidencia cerámica indica que tuvo diversas ocupaciones del 400 aC al 900 dC.
Más allá de los gobernantes y sacerdotes que habitaron los grandes templos y palacios, los antiguos mayas, aquellos que no pertenecían a la élite, también “hablan” mediante ofrendas, pozos de agua y espacios habitacionales, como los que integraron a K’oxol Ja’ II.
David Medina Arona, jefe de campo en la Terminal Multimodal de Progreso (TMM), la cual se erige como parte del proyecto Tren Maya de Carga (TDC), explicó que el nombre asignado al sitio en lengua maya deriva de las voces k’oxol (mosco) y ja’ (agua), ‘agua de los moscos’ o ‘agua donde brotan los moscos’, en alusión a los dípteros que abundan en esta geografía.
Con una superficie de 2 mil 257 metros cuadrados, K’oxol Ja’ II habría tenido una función principalmente habitacional, dado que los restos de sus estructuras corresponden a cimientos y otros elementos arquitectónicos propios de viviendas antiguas.
Las investigaciones de los arqueólogos Abraham Alarcón Carmona, Carlos Avendaño Rincón, Darwin Velázquez González y otros 16 especialistas en campo, coordinados por Susana Echeverría Castillo, indican que su temporalidad es del periodo Preclásico regional (400 aC-250 dC) al Clásico Tardío (450-900 dC).
“Estos son sitios que completan la información del pueblo maya. Mucha gente se va a las grandes pirámides y los núcleos urbanos, pero aquí tenemos a esos otros mayas que no dejaron nada escrito y a menudo se olvidan. La arqueología doméstica nos permite devolverles la voz”, comentó David Medina Arona, quien junto con Abraham Alarcón excavó directamente en el sitio.
Este descubrimiento ocurrió durante el salvamento arqueológico, a mediados del año pasado, que se efectuó en la Terminal Multimodal de Progreso (TMM), la cual se erige como parte del proyecto Tren Maya de Carga (TDC), y amplía el conocimiento sobre la vida del pueblo maya, sus actividades cotidianas y espacios habitacionales, además de diversos pozos de agua.
Medina Arona dijo que en el sitio se observa evidencia del control que sus habitantes habrían tenido sobre los recursos hídricos. “Uno de los patrones observados es la presencia de cuerpos de agua, fijos o estacionales. El cenote principal, por ejemplo, conserva los restos de un brocal, construido para modificar su entrada y, probablemente, gestionar el consumo del líquido que alojaba”.
Por su parte, Susana Echeverría, coordinadora de los trabajos del Tren Maya de Carga, explicó: “Estos sitios están en predios de lo que fue la franja costera del norte de Yucatán y la labores se enfocan en la excavación de casas habitación, estructuras de carácter doméstico donde vivía la población; aunque son de arquitectura sencilla, también hay casos donde se refleja su complejidad, la cual nos permite acercarnos a sus formas de construcción y a los cambios que tuvieron con el tiempo, lo que llamamos etapas constructivas”.
Detalló: “En los trabajos de la terminal, el polígono es bastante grande y fueron investigadas más de 700 estructuras de diferentes tamaños y características asociadas a diversos contextos; se recuperaron fragmentos de cerámica, lítica y metates, que nos permiten profundizar sobre los asentamientos mayas de la franja costera, acercarnos a su forma de vida y cómo mantuvieron estos lugares con poblaciones constantes y duraderas”.
Otras de las particularidades de K’oxol Ja’ II consiste en la escasa presencia de cerámica, lo que indicaría que muchos de los enseres domésticos usados dentro de sus fronteras habrían sido de materiales perecederos; así como la nula existencia de entierros humanos en las áreas investigadas.
“Es un sitio localizado cerca de la costa, donde observamos que las casas estaban levantadas sobre la roca madre y los rellenos no eran, por lo mismo, tan altos. Esto dificultaba colocar las osamentas dentro de las viviendas, porque no se tiene demasiada profundidad para recubrir con capas de tierra”.
La investigación en campo ha finalizado y las únicas dos ofrendas recuperadas –ambas como consagraciones de cimientos– han sido resguardadas. En tanto, los especialistas del INAH avanzan en el análisis en gabinete de los materiales líticos, la cerámica y los sedimentos recuperados, entre otros estudios.
Los 21 monumentos referidos fueron limpiados, restituidos en sus muros y cercados con una malla de protección. Además, el INAH y la Secretaría de la Defensa Nacional, a cargo de la construcción de la TMM, acordaron crear un polígono de protección que permitirá la conservación de K’oxol Ja’ II para futuras investigaciones.
Con información de: La Jornada
CD/AT
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