Sep 24, 2026 / 09:24

Lo que la ciencia realmente puede prometer en relación a la longevidad

México.- La prometedora ciencia antienvejecimiento ya es una realidad: restricción calórica, fármacos y reprogramación celular. Alargar la vida siempre ha sido uno de los retos más buscados por la humanidad. De acuerdo con Guinness Record, la persona más longeva fue la francesa Jeanne Calment, quien vivió 122 años y 164 días.

Antes de entender el impacto de los avances antienvejecimiento, es importante saber desde la ciencia ¿cuántos años puede vivir una persona? En la década de los 60 se pensaba que si una célula era alimentada con los nutrientes necesarios podría alcanzar la inmortalidad. Sin embargo, la idea fue refutada por Leonard Hayflick cuando observó en los cultivos de células, con los cuales estaba trabajando, luego de dividirse 50 veces a lo largo de 10 meses dejaban de multiplicarse y morían. Multiplicando el número de divisiones por el tiempo promedio de cada célula (aproximadamente 2.4 años), así el biólogo Macfarlane Burnet obtuvo el “Límite de Hayflick”: 120 años.

¿Por qué se completan únicamente 50 veces?

La clave se encuentra en la anatomía de los cromosomas. En 2009, se le otorgó el “Premio Nobel de Medicina” a Elizabeth H. Blackburn, Carol W. Greider y Jack Szostak por descubrir cómo las células protegen su información genética cada vez que se multiplican. Al duplicar el ADN, la maquinaria celular no logra copiar el extremo final de las cadenas lineales, generando un acortamiento progresivo en el cromosoma.

La solución de la naturaleza son los telómeros, secuencias repetitivas al final del cromosoma cuya finalidad es proteger la degradación cromosómica. En lugar de desgastar genes importantes el telómero se mutila, y puede regenerarse un poco gracias a la enzima telomerasa.

Habiendo comprendido el proceso de envejecimiento a nivel cromosómico, ya podemos pasar a repasar los logros científicos a favor de una vida más larga y con buena calidad de vida (healthspan).

Restricción calórica: el poder de comer menos

De todas las intervenciones, la restricción calórica (RC) es la práctica nutricional con bases más sólidas. El ensayo clínico “CALERIE Phase 2” publicado por The Lancet Diabetes & Endocrinology, llegó a la conclusión que “comer mejor y mantenerse activo reduce entre 23% y 39% los riesgos de diabetes, infartos y mortalidad a la larga.”

En otro estudio derivado del anterior, se analizó el comportamiento de los glicanos―cadenas de azúcares unida a las proteínas― estructuras que nos ayudan a conocer el nivel de inflamación del organismo. Cuando la cadena tiene más galactosa, la célula funciona mejor, se reducen los procesos inflamatorios, favoreciendo la salud y la longevidad de los tejidos. Luego de 2 años la edad biológica logró disminuirse.

Fármacos: Rapamicina y Metformina

Dos medicamentos con los cuales debemos tener mucho cuidado. La rapamicina o sirólimus es un medicamento usado para impedir que el cuerpo rechace órganos o médula ósea. De acuerdo con la Mayo Clinic, el uso moderado del fármaco aumenta el número de anticuerpos en un 20 por ciento en adultos mayores sanos.   

Según la National Library of Medicine, el uso excesivo de la sustancia aumenta el riesgo de infección o a la muerte, puede aumentar la presión y la glucosa en sangre de forma peligrosa, dañar el riñón, hígado y pulmones, generar problemas gastrointestinales como estreñimiento severo y promover el sangrado fácil.

La metformina, usada para tratar la diabetes tipo 2 disminuye, en pacientes, riesgo de padecer cáncer, enfermedades del corazón y deterioro cognitivo. Sin embargo, no se ha visto un beneficio real sobre su uso en personas sanas que buscan rejuvenecerse. Aunque existe la intención de realizar ensayos clínicos al respecto.

Si se toma una cantidad excesiva puede bajar los niveles de glucosa desfavorablemente, presentar fatiga, debilidad muscular, sensación de frío, problemas digestivos, mareos, aceleración o disminución del ritmo cardiaco y dificultad para respirar.

Reprogramación celular: el futuro radical

La frontera más audaz es la reprogramación celular parcial, mediante los factores de Yamanaka (Oct4, Sox2, Klf4 y c-Myc) capaces de transformar una célula adulta y especializada en una célula madre capaz de convertirse en cualquier tejido del cuerpo. El proceso altera el empaque del ADN para reactivar la pluripotencia de las células, borrando su identidad y así reprogramarlas―el desarrollo de esta técnica le valió el “Premio Nobel de Medicina” a Shinya Yamanaka―.

Hasta aquí todo parece ir bien, pero la regeneración celular es un arma de doble filo. Por un lado, los factores como el c-Myc y Klf4 se relacionan con un mayor riesgo de promover el crecimiento de tumores en ovarios, mama, pulmón y en las células gliales del cerebro o médula espinal. Por otro lado, la reprogramación ha demostrado una reducción en el tamaño y agresividad en otra clase de tumores como sarcomas.

El próximo gran descubrimiento buscará volver a programar las células, sin que se pierda la identidad. La vía sería hacer una reprogramación parcial, donde se busque llevar a la célula a una etapa más joven de su vida, en palabras más científicas: reducir su senescencia. En ratones ya han logrado ampliar la corteza cerebral y mejorar las habilidades cognitivas, previniendo así el Alzheimer.

Ciencia de élite, mercado de nicho

La promesa de la ciencia antienvejecimiento convive con una realidad incómoda: la mayoría de estas terapias no están diseñadas para el mercado masivo, sino para un segmento dispuesto a pagar precios de lujo.

De acuerdo con el informa del Global Insight Services, la inversión global en empresas de longevidad superó los 784.9 mil millones de dólares, y prevé un crecimiento de hasta 1.9 billones para 2034. Si consultamos Doctoralia o Multiestetica México, encontraremos lo siguiente. El ultrasonido y radiofrecuencia pueden costar entre mil 600 y 15 mil pesos, dependiendo de la cantidad y tipo de sesiones; procedimientos inyectables como Botox varía entre 3 mil y 10 mil pesos; para un tratamiento diseñado para fomentar la producción de colágeno el precio va de los 2 mil a los 10 mil pesos. Finalmente están las sesiones de Plasma Rico en Plaquetas (PRP) el cuál va de mil 250 pesos a 10 mil o más, dependiendo de la alcaldía o ciudad.

Todas cifras poco accesibles para el mexicano promedio. Según la Comisión Nacional de Salarios Mínimos una persona que recibe 315.04 pesos diarios, gana 9 mil 452.20 pesos al mes. Y datos de México, ¿Cómo vamos?, menciona que la canasta básica en zonas urbanas exige (por persona) un gasto mensual de 2 mil 562.58 pesos y en zonas rurales baja a mil 910.78 pesos. Sin tomar en cuenta emergencias médicas, fondo de ahorro e inversiones, reparaciones mayores en hogar o transporte, mascotas, impuestos, ni gastos recreativos como fiestas, viajes y servicios de streaming.

La Journal of Medical Internet Research concluye. “La medicina de la longevidad es en gran medida inaccesible para las poblaciones de bajos ingresos, debido tanto al costo como a las barreras socioeconómicas… Sin alguien que proporcione contexto y orientación, la gran cantidad de datos que revelan las pruebas de medicina de la longevidad simplemente pueden ignorarse o, lo que es peor, ampliar las disparidades.”

Con información de: La Jornada

CD/AT

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