Sep 22, 2026 / 09:28

Del mercado a Europa: la historia de Evelia Gómez y el sueño que comenzó entre pollos, mole y sacrificios

-Una locataria del mercado costeó su carrera… y la periodista llegó a Europa

Minatitlán, Ver.- Antes de conocer las redacciones, las universidades y los grandes periódicos, Evelia Gómez García conoció otro mundo: el de los mercados. Ahí, entre puestos, clientes, jornadas que comenzaban temprano y el esfuerzo cotidiano por llevar dinero a casa, comenzó a escribirse su historia.

Su madre, a quien recuerda cariñosamente como “Mamá Tina”, vendió pollo durante casi 40 años en el mercado Benito Juárez, de la colonia Cuauhtémoc. Fue una de sus fundadoras y, tras la separación de sus padres, asumió con mayor fuerza la responsabilidad de sacar adelante a su familia.

De aquel puesto saldría mucho más que el sustento diario. Saldrían también los recursos para que una de sus hijas pudiera perseguir un sueño que parecía lejano: convertirse en periodista.

Al principio, su madre no quería que eligiera esa profesión. Pero terminó apoyándola.

Mientras “Mamá Tina” trabajaba de lunes a sábado vendiendo pollo y los domingos preparaba pollo horneado acompañado de un mole negro cuyo sazón todavía recuerdan algunos de sus clientes, una parte de cada jornada tenía un destino especial: mantener los estudios universitarios de Evelia en el puerto de Veracruz.

Cada mes había que reunir para la pensión y los gastos indispensables.

Pero Evelia también sabía que debía aportar.

Vendió tortas, lavó ropa para obreros de Tamsa que se hospedaban en la misma pensión donde ella vivía y hasta trabajó como encuestadora. Cuando llegaban las vacaciones, regresaba a Minatitlán. No para descansar, sino para colocarse nuevamente junto a su madre detrás del puesto del mercado y ayudarla a vender.

Así transcurrieron aquellos años.

Entre libros y pollos. Entre aulas y mostradores. Entre el puerto de Veracruz y el mercado de Minatitlán.

Hasta que un día ocurrió aquello por lo que ambas habían trabajado tanto:

Evelia Gómez García se recibió de licenciada en Periodismo.

El esfuerzo tuvo también recompensa académica. Formó parte de los diez mejores promedios de su generación y concluyó sus estudios sin reprobar una sola materia.

Cuando recibió aquel reconocimiento, entre los asistentes estaba la mujer que había hecho posible buena parte de esa historia: su madre.

Evelia había entendido desde muy joven que estudiar era un privilegio. Por eso no se detuvo con la licenciatura. Continuó preparándose mediante diplomados, cursos y talleres mientras desarrollaba su carrera profesional.

Con el tiempo, el periodismo le abrió una puerta que probablemente parecía inimaginable cuando ayudaba a vender pollo en el mercado Benito Juárez.

Llegó la oportunidad de viajar a España para participar en un taller de periodismo de investigación en la Universidad Complutense de Madrid.

La emoción llegó acompañada de miedo.

Su madre ya era una mujer mayor y había dejado de trabajar. Evelia temía dejarla sola porque atravesaba algunos problemas de salud. También enfrentaba otro temor personal: subir a un avión y realizar un vuelo de aproximadamente 12 horas.

Entonces volvió a escuchar la voz que la había acompañado durante toda su vida.

“Ve, hija. Cumple ese sueño”.

Y fue.

Aquella hija de una locataria de mercado cruzó el Atlántico.

En España participó en el taller, convivió con destacados profesores y tuvo la oportunidad de conocer las instalaciones del diario El País, acercándose a su dinámica de redacción y al trabajo periodístico que ahí se realiza.

El viaje también le permitió conocer Francia e Italia.

Europa representó mucho más que un destino turístico. Era la dimensión de todo lo recorrido: detrás de aquella periodista que caminaba por Madrid estaba la niña que había crecido entre locatarios; detrás del viaje internacional estaban las jornadas de una madre vendiendo pollo; detrás de cada logro estaban las tortas vendidas, la ropa lavada, las encuestas realizadas y las vacaciones trabajando en el mercado.

Su madre pudo ver en vida los frutos de aquello que había sembrado.

Hoy, “Mamá Tina” ya no está físicamente.

Pero Evelia la encuentra todos los días en sus recuerdos y, especialmente, en las enseñanzas que le dejó.

Al compartir públicamente esta parte de su vida, la periodista deja también una reflexión sobre los orígenes y las oportunidades: el talento no distingue estratos sociales.

Ella creció en un mercado y reconoce en ese espacio una escuela de vida, donde aprendió que los locatarios no solamente comparten pasillos y jornadas laborales; muchas veces terminan formando una familia sostenida por la solidaridad y el esfuerzo cotidiano.

La historia de Evelia Gómez García no comenzó en Europa.

Tampoco comenzó en una redacción.

Comenzó mucho antes, detrás de un puesto del mercado Benito Juárez de Minatitlán, con una mujer que durante casi cuatro décadas vendió pollo para sacar adelante a su familia.

Y cuando llegó el momento de que su hija volara lejos, aquella misma mujer fue quien le dio el último impulso:

“Ve, hija. Cumple ese sueño”.

Evelia lo cumplió.

Y hoy conserva la esperanza cristiana de que algún día volverá a encontrarse con la mujer que hizo posible aquel camino.

CD/YC

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