Sep 01, 2026 / 12:10

Don Ricardo Ahued pone las cartas sobre la mesa

En política hay parentescos que inevitablemente llaman la atención. No necesariamente porque exista algo irregular detrás de ellos, sino porque los apellidos pesan, generan preguntas y obligan a quienes ejercen responsabilidades públicas a explicar con mayor claridad sus decisiones.

Eso ocurrió con el secretario de Gobierno de Veracruz, don Ricardo Ahued Bardahuil, quien confirmó públicamente que Pedro López Heredia, hijo de Arturo López Obrador y sobrino del expresidente Andrés Manuel López Obrador, forma parte de la dependencia a su cargo.

Lejos de evadir el tema, don Ricardo Ahued decidió enfrentarlo y explicar las razones de la contratación. Aseguró que no fue el parentesco con el exmandatario lo que abrió la puerta, sino el conocimiento personal que tiene desde hace años de Pedro López Heredia, quien incluso estudió en la universidad con uno de sus hijos.

Ahued lo describió como un joven trabajador, responsable, buen padre de familia y con una conducta que, aseguró, puede comprobarse diariamente en Palacio de Gobierno. Incluso relató que, cuando llegó a la administración, Pedro se acercó personalmente a solicitarle una oportunidad laboral.

El secretario también defendió el derecho de las hermanas López Heredia a desarrollarse profesionalmente y sostuvo que su apellido no debería convertirse automáticamente en un impedimento para ocupar responsabilidades dentro del servicio público.

Y en eso hay un punto que merece considerarse.

Ser sobrino de un expresidente no debería representar una credencial automática para obtener un cargo público, pero tampoco tendría que convertirse en una sentencia que impida trabajar en el gobierno a una persona que cuente con preparación, experiencia y capacidad para desempeñar determinada responsabilidad.

La diferencia está precisamente ahí; en demostrar que existe trabajo, resultados y méritos.

Ahued incluso fue más allá al contrastar la situación actual con prácticas de administraciones anteriores, cuando, señaló, existían personas que cobraban sin trabajar. Su argumento es sencillo; más importante que preguntarse quién es familiar de quién, habría que revisar quién trabaja y quién solamente aparece en una nómina.

Sin embargo, cuando se trata de familiares de personajes de primer nivel de la política nacional, la vara inevitablemente será más alta. No basta con cumplir; también es necesario transparentar funciones, responsabilidades, perfiles y remuneraciones. Es la mejor manera de evitar que una relación familiar termine alimentando sospechas de privilegios.

Ahued, al menos, no escondió la relación ni trató de desconocerla. Dio nombres, explicó cómo conoce a Pedro López Heredia y asumió personalmente la decisión de haberle abierto un espacio dentro de la Secretaría de Gobierno.

Eso también cuenta.

Porque en tiempos en que cualquier parentesco político inmediatamente provoca polémica, la transparencia resulta mucho más útil que el silencio.

Ahora corresponderá a quienes ocupan esos espacios demostrar, con su desempeño cotidiano, que llegaron por capacidad y que su permanencia se justifica por resultados.

Al final, los apellidos pueden abrir debates, generar suspicacias e incluso colocar reflectores donde normalmente no los habría. Pero son el trabajo, la preparación y los resultados los que deben determinar si una persona merece permanecer en el servicio público.

Don Ricardo Ahued ya puso su explicación sobre la mesa.

La última palabra, como siempre ocurre en política, la tendrán los hechos.

Hay que destacar que don Ricardo Ahued tiene la fuerza de la palabra, es congruente, intachable de actos de corrupción, buena persona, generoso y un gran ser humano.

CD/YC

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