Ago 04, 2026 / 09:20

El palacio de Potala, recinto colosal donde el tiempo se detiene

Xizang.- Ubicado exactamente en el centro del valle de Lhasa, el palacio de Potala es un complejo monumental formado por más de mil habitaciones, muchas de ellas convertidas en salas de exposición, 10 mil santuarios y unas 200 mil estatuas de los diferentes budas. Cada paso, cada escalón, cada patio interior y cada ventana, es una respiración profunda, un guiño del no tiempo, un fragmento interminable de la eternidad.

Toma su nombre del monte Potalaka, donde, de acuerdo con la tradición tibetana, vive Avalokiteshvara, la bodhisattva de la compasión, y es la sede histórica de la escuela Gelug del budismo tibetano.

Es el foco turístico por antonomasia del Tíbet. Largas filas en taquilla se convierten en serpientes humanas que ascienden por las escaleras de piedra, luego por las de madera, finalmente tras los ventanales.

El palacio de Potala se divide en dos: el palacio Rojo y el palacio Blanco. Tiene 400 por 300 metros de superficie y se eleva 119 metros por encima de la montaña donde está construido y 300 metros arriba del valle de Lhasa. Debido a la altitud, 3 mil 700 metros sobre el nivel del mar, si uno consigue subir todas las escalinatas hasta llegar a la azotea del palacio tiene la sensación de haber conquistado el Everest y de haber vencido al mal de montaña.

Desde allí se observa todo el valle de Lhasa, con sus construcciones modernas, sus carreteras, sus túneles y sus lagos. Uno de esos cuerpos de agua refleja el palacio de Potala como un espejo; la imagen adquiere así una dimensión sobrenatural, aún más intensa que la atmósfera que lo caracteriza: una mole roja y blanca que parece flotar en medio de las montañas y las nubes en el cielo azul del Tíbet.

Entonces, el tiempo se detiene.

Con información de: La Jornada

CD/AT

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