“Una catástrofe comparable con un terremoto”, las inundaciones en el norte de Chile, dice ministro
Chile.- Mientras la lluvia continuaba casi sin dar tregua, con variaciones en su intensidad y con alguna ventana de tregua, la destrucción por doquier que se va revelando en las regiones de Coquimbo y de Atacama, en el “norte chico” de Chile, pone de manifiesto que la naturaleza está pasando una cuenta muy grande, que tiene también que ver con la indolencia humana.
Una desidia vinculada a la permisividad de los gobiernos, por ejemplo, para tolerar que se construya ilegalmente sobre cauces de agua y orillas de quebradas; y a la irresponsabilidad de quienes arriesgan temerariamente a sus familias habitando esos lugares, también por necesidad.
Sí, es cierto, en décadas no había corrido agua por allí, tal vez algún hilito tímido, estaban resecas, sucias y polvorientas; pero llegó el día en que precipitaron en ellas cientos y cientos de milímetros de agua en 72 horas. Y todo cambió de sopetón, trágicamente, al costo de hasta ahora 10 vidas humanas confirmadas y otros tantos desaparecidos.
En Atacama, en la zona de Huasco, 700 kilómetros al norte, ha llovido más que lo acumulado en cuatro años allí.
“Este temporal no ha terminado y hay lugares que superan los 250 milímetros en cuatro días, es el total de cuatro años en la región; es un evento excepcional”, explica el meteorólogo Jaime Leyton al medio Diario de Atacama. (www.diarioatacama.cl/impresa/2026/07/21/papel/)
“Las cantidades en los sectores interiores, donde hay muy poca estadística, superan esas cifras, así que podríamos hablar de que entre los sectores de precordillera y de valles tienen el doble o cuatro veces la precipitación de un año. Por eso este es un evento extremo, completamente anómalo”, explica.
Carreteras arrancadas de cuajo, puentes de hormigón quebrados desde sus cimientos, postes de electricidad desparramados por doquier, tuberías reventadas, calles y avenidas convertidas en riadas y lagunas, campos agrícolas totalmente anegados, animales temerosos que no saben hacia dónde huir, más el panorama humano de decenas de miles de personas aisladas clamando por auxilio para salvar sus vidas, eran parte del paisaje dramático y trágico en que se ha convertido casi todo.
El ministro de Obras Públicas y Transportes, Louis De Grange, tras un sobrevuelo por sectores de Coquimbo, lo resumió con “esto es comparable con un terremoto. Si el clima no reduce la intensidad de las lluvias, la situación se va a complicar más”.
“Hay muchos socavones que mientras esté la lluvia no pueden repararse. Hay muchos derrumbes que puedes despejar de la ruta, pero si generó un daño en el pavimento, tampoco puedes usarla”, agregó, refiriéndose a la carretera longitudinal de miles de kilómetros que une Chile, y que en tramos entre Atacama y Coquimbo está intransitable.
El gobierno del ultraderechista presidente, José Antonio Kast, está siendo cuestionado por lo que se percibe como una reacción tardía —el inusual tren de cuatro frentes de mal tiempo sucesivos en apenas una semana, fue advertido con muchos días de anticipación por los servicios meteorológicos— y un despliegue del auxilio muy lento, incluso transcurridos cuatro o cinco días de la emergencia, los pobladores de localidades rurales denuncian nulo socorro.
Kast, que había sido reticente a declarar el “estado de emergencia de catástrofe”, terminó cediendo a la exigencia de los gobernadores regionales y de decenas de alcaldes de municipios castigados por la tempestad, tanto oficialistas como opositores a su gobierno. Esa declaratoria permite asignar fondos adicionales y desplegar a los militares para dar auxilio.
Hay 110 mil personas aisladas y miles de damnificados, 155 mil hogares carecen de agua potable, sea porque las plantas de tratamiento están inactivas para protegerlas de la turbiedad del líquido materia prima, o bien porque las redes de distribución están dañadas; preliminarmente se calcula en 500 millones de dólares las pérdidas económicas relacionadas con agricultura y comercio.
No hay aún ninguna estimación del costo financiero que tendrá reponer las infraestructuras públicas y reparar las miles de viviendas que han resultado con daños muy diversos, muchas de las cuales están totalmente anegadas por agua, barro y deshechos arrastrados.
Por la extensa playa de más de 10 kilómetros que bordea la turística ciudad de La Serena, la segunda más antigua del país, a 400 kilómetros al norte de Santiago y capital regional de Coquimbo, hay miles de toneladas de escombros que arrastró el Río Elqui, que allí desemboca, en su recorrido de unos 70 kilómetros desde los valles interiores, convirtiéndola en un basural.
La emergencia está en pleno desarrollo, no hay atisbo aún de que llegue a término; y la tarea de la reconstrucción, con mejores estándares, se avecina compleja, porque los fenómenos de este tipo, vinculados al denominado cambio climático, parecen estar llamados a ser habituales.
Con información de: La Jornada
CD/AT
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