Jun 26, 2026 / 09:55

Ladrillos, mareos y memoria

En política, pocas frases retratan mejor la realidad que aquella de que “el poder marea”. Esta semana, el dirigente estatal de Morena en Veracruz, Esteban Ramírez Zepeta, decidió recordárselo a los suyos con una advertencia tan coloquial como contundente: “No se suban a un ladrillo que se pueden marear… porque entre más arriba estén, el chingadazo es más fuerte”.

No fue un mensaje dirigido a la oposición. Tampoco a los críticos del movimiento. Fue un jalón de orejas hacia el interior de Morena, justo cuando algunos actores comienzan a comportarse como si el triunfo electoral les hubiera otorgado un cheque en blanco.

El mensaje llega en un momento oportuno. Tras los recientes procesos electorales, no han faltado quienes confunden el respaldo ciudadano con un permiso para la soberbia. La historia política mexicana está llena de ejemplos de funcionarios que olvidaron que el poder es temporal y terminaron pagando el costo de la arrogancia en las urnas o en los tribunales.

Cuando Esteban Ramírez Zepeta afirma que “el cargo es prestado” y que “no hay derecho a fallarle al pueblo”, está recordando un principio básico de la democracia. Los puestos públicos pertenecen a la ciudadanía, no a quienes los ocupan.

Habrá que ver si el mensaje encuentra eco. Porque una cosa es pronunciar un discurso sobre humildad y otra muy distinta practicarla cuando llegan los reflectores, los privilegios y las decisiones de poder.

La verdadera prueba para Morena en Veracruz no será repetir consignas como “no mentir, no robar y no traicionar al pueblo”, sino demostrar que esos principios siguen vigentes cuando se gobierna y cuando se administra el poder.

Al final, la advertencia de Ramírez Zepeta encierra una verdad que trasciende colores partidistas: en política nadie está por encima del pueblo, y quien olvida que el cargo es prestado suele descubrir demasiado tarde que las caídas, efectivamente, son gratis.

CD/YC

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