May 26, 2026 / 09:41

Estudian sismos lentos en las costas de Oaxaca

México.- Con el propósito de entender cómo funcionan los terremotos y tsunamis en el océano Pacífico, así como tener información para enfrentar posibles desastres, se instalaron en las costas de Huatulco, Oaxaca, ocho sismómetros de fondo océanico y tres sensores de presión para analizar sismos lentos.

El proyecto está a cargo de la Secretaría de Marina, el Instituto de Geofísica de la UNAM y alumnos de la Universidad de Kioto, Japón, por conducto de la Campaña Oceanográfica Oaxaca.

Así se informó en una conferencia de prensa transmitida en el canal de YouTube de UNAM Global, en la que estuvieron presentes el capitán Jesús Salvador de Olaguibel, director de Oceanografía de la Secretaría de Marina; el ingeniero Enrique Guevara Ortiz, director del Centro Nacional para la Prevención de Desastres (Cenapred); Masaru Kozono, director de la agencia japonesa de cooperación internacional; Yoshihiro Ito, director del Instituto de Investigación sobre Prevención de Desastres de la Universidad de Kioto, y el doctor en sismología Víctor Manuel Cruz Atienza, del Instituto de Geofísica de la UNAM.

Jesús Salvador de Olaguibel destacó que “este proyecto es algo fundamental. Entre el 28 de abril y el 1º de mayo frente a Huatulco, Oaxaca, se realizó la colocación de instrumentos, para lo cual nosotros prestamos el buque de investigación oceanográfica Mazunte, además de tres sensores de presión hidrostática”.

Guevara Ortiz explicó: “esta iniciativa nos aportará datos para tener mejores escenarios, modelos e insumos para la toma de decisiones en caso de algún desastre y, por supuesto, puede funcionar como material educativo, así como para mejorar las capacidades de prevención ante sismos y tsunamis en México”.

Colaboración tripartita

Masaru Kozono aseguró que esta colaboración forma parte de un proyecto de apoyo entre tres países: “previamente usamos estos sensores en los puertos de Manzanillo y de Acajutla, en El Salvador. Ahora que están en Oaxaca podemos analizar mejor los riesgos del Pacífico mexicano. Esperamos formar una alianza fuerte con México y otros países para entender mejor los sismos de esas zonas”.

Yoshihiro Ito declaró: “como especialista en sismos lentos, tsunamis y terremotos marinos, ojalá que esta campaña no sólo sea exitosa, sino que trascienda en una colaboración más estrecha entre México, El Salvador, Japón y otros colegas de América Latina. La brecha sísmica de Guerrero nos dio lecciones muy importantes, como el movimiento de 2002, que tuvo una magnitud de 6.7, el cual fue inusualmente largo, con características muy parecidas a las de un tsunami. Gracias a nuevas herramientas encontramos sismos de menor magnitud que antes eran imperceptibles y eso nos permite prever con mayor precisión qué es lo que sucede”.

Los participantes se prepararon en las instalaciones del Cenapred, donde trabajaron en conjunto tanto investigadores como personal técnico y estudiantes de la UNAM y de la Universidad de Kioto. “Revisamos equipos, compartimos experiencia y fuimos construyendo confianza; es un trabajo muy humano. El mar es un jefe muy exigente, no acepta el ‘ya merito’ ni ‘en un ratito’, hay que ser muy precisos”, dijo Ito.

Cruz Atienza afirmó: “hemos visto que de 30 años para acá se han incrementado los sismos lentos. Desde entonces se ha debatido mucho qué rol juegan estos eventos en la generación de grandes terremotos”.

Según el doctor en sismología, los últimos cinco terremotos de una magnitud superior a 7 fueron todos precedidos por un sismo lento, “queremos encontrar el vínculo causal entre ambos fenómenos”. El investigador mostró mediante diapositivas que la zona donde se han generado esos fenómenos es la costa de Guerrero.

“Hemos visto que hay sismos lentos que cambian de ubicación. En especial hay uno que estudiamos, que es el que se generó en la fosa oceánica cerca de Acapulco. El movimiento migró hacia las costas de ese puerto; esto provocó que el 8 de septiembre de 2021 se disparara un terremoto de magnitud 7. Queremos construir modelos y teorías que nos digan cómo funcionan estos grandes terremotos y decidimos poner los sensores en Oaxaca porque descubrimos que hay una serie de sismos lentos que están ocurriendo al fondo del mar.

“Las costas de Oaxaca se encuentran frente a la zona de choque de dos placas tectónicas, ahí se está dando la subducción de la placa de Cocos con la de Norteamérica. Es un terremoto que está ya ‘atrasado’, es una región que va a romper, no sabemos cuándo pero va a pasar, tal vez en un futuro no lejano. En esa misma zona ocurrió el terremoto más fuerte que tenemos registro en territorio mexicano, fue en el siglo XVIII, en 1787, magnitud estimada de 8.6, que ocurrió en Pochutla, y generó un tsunami que llegó 6 kilómetros tierra adentro”, concluyó.

Con información de: La Jornada

CD/AT

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