May 13, 2026 / 08:45

Cuando el poder se vuelve costumbre.

La delgada línea entre mi opinión y la tuya

Julio Vallejo

“Avísame cuando tu vida esté arruinada, será el momento de un ascenso”.

Cómo olvidar esa frase.
Hace muchos años trabajé con un diputado local. Había semanas enteras donde comenzábamos a las cinco de la mañana y terminábamos a la una del día siguiente. Carreteras, eventos, reuniones, giras interminables por Veracruz. La política entendida como desgaste físico y resistencia emocional.

Recuerdo particularmente un trayecto de Xalapa a Pánuco. Íbamos pasando por Costa Esmeralda. El mar estaba en calma, el sol golpeaba suavemente las olas y las palmeras dejaban caer cocos sobre la carretera. Mientras veía ese paisaje pensaba, con honestidad brutal: ¿de verdad vale la pena este esfuerzo?

Fue entonces cuando me atreví a preguntarle al diputado cuál era su hobby. Dentro de la camioneta se hizo un silencio incómodo. El chofer me miró por el retrovisor moviendo la cabeza, como diciendo: “ya lo hiciste enojar”. El asistente incluso me pasó un papelito advirtiéndome que había cruzado una línea. Después de varios minutos, el diputado respondió: —Trabajar. Le dije que eso no era un hobby; era trabajo. Me preguntó cuál era el mío. Le respondí que ir a la playa, manejar una cuatrimoto y, sobre todo, ir al cine.

Entonces me confesó que el cine también era su hobby. Le pregunté cuánto tiempo tenía sin ir. Me respondió que bastante. Le dije que seguramente más de cinco años, porque llevaba ese tiempo trabajando con él y jamás había visto un espacio así en su agenda. Ese día le recomendé ver. “El diablo viste a la moda”.

No sé si alguna vez la vio. Pero cuando vuelva a encontrarlo pienso preguntarle si ya vio la segunda parte. Yo sí fui. Y entendí algo que quizá no había comprendido cuando vi la película por primera vez: detrás de los tacones, las bolsas de lujo y el glamour editorial, en realidad había una historia sobre poder.

Asimismo, la presión laboral. Sobre el costo de pertenecer, sobre lo que una persona está dispuesta a sacrificar para mantenerse dentro del juego.
La frase más poderosa de la película no habla de moda; habla de estructura:
“¿Crees que esto no tiene nada que ver contigo?”
Porque al final todos terminan participando del mismo sistema. Unos se visten para ser vistos; otros para ser comprendidos. Pero ambos obedecen las mismas reglas.

A casi dos décadas de su estreno, la película dejó de ser únicamente una sátira del mundo fashion para convertirse en una radiografía del presente. El poder ya no opera igual. Los medios tradicionales se desmoronan, las revistas impresas desaparecen, la conversación migró a lo digital y la política tuvo que reinventarse para sobrevivir.

Hoy las exigencias son otras: liderazgo femenino, posicionamiento permanente, narrativa pública, visibilidad inmediata y desgaste emocional constante. Las reglas cambiaron. Y quizá por eso aquella frase vuelve a cobrar sentido. Porque en muchos espacios de poder el ascenso profesional sigue exigiendo una renuncia silenciosa: tiempo, identidad, descanso, vida personal. Uno termina viviendo para trabajar y no trabajando para vivir.

Tal vez por eso aquella pregunta sigue incomodando tanto: ¿Cuál es tu hobby?
Porque a veces la respuesta revela cuánto de nosotros mismos hemos sacrificado para seguir perteneciendo.

CD/YC

* Las opiniones y puntos de vista expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de Cambio Digital.

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