Infierno en la Sierra: 50 años de impunidad ambiental de Pemex en la Batería Agave
Imagen: Un mechero que no se apaga desde hace cincuenta años, que contamina y afecta la salud de la población de Jalapa, Teapa y Centro.• Se presume un ecocidio institucionalizado, ya que la contaminación afecta la salud y el entorno de las comunidades de Jalapa, Teapa y Centro
• Podría haber una farsa de la quema controlada: Datos de la NASA exhiben devastación térmica en Jalapa
Tabasco.- Lo que hace 56 años parecía el detonante del desarrollo socioeconómico del municipio de Jalapa —al descubrir Petróleos Mexicanos (Pemex) el Campo Agave en la ranchería Puyacatengo Norte— se ha convertido en los últimos años en una seria amenaza para la vida de los habitantes de la región. El riesgo alcanza no solo a ese municipio, sino también a Teapa, una zona de Tacotalpa y diversas comunidades del sur de Centro.
Esta crisis se deriva de la contaminación que, desde hace medio siglo, genera Pemex en la región serrana y la planicie tabasqueña mediante la Batería de Separación Agave. Dicha instalación es considerada estratégica para la recepción, separación y procesamiento de petróleo crudo, aceite y gas natural proveniente de los yacimientos Brechas BII y KS BI, así como de los campos Shishito, Vernet y Bakté, con el fin de enviarlos al Complejo Procesador de Gas Nuevo Pemex.

La imagen de la NASA registra en la zona anomalías térmicas persistentes con valores que alcanzan hasta once megawatts de potencia radiactiva.
Los 114 habitantes de la ranchería Puyacatengo, distribuidos en 26 viviendas, son quienes más padecen la grave contaminación generada por la quema de gas, el ruido estruendoso y el constante movimiento de la tierra que ocasiona daños severos a sus casas, cultivos y salud. A esto se suma el impacto de la lluvia ácida en toda la región, afectando cuerpos de agua vitales como los ríos Teapa, Puyacatengo y la Sierra.
Aunque Pemex no ha informado cuántos pies cúbicos diarios de gas quema la Batería Agave —limitándose a reportar que las emisiones son “controladas” o por mantenimiento—, datos satelitales de la NASA confirman la realidad que los vecinos denuncian: la quema es continua y de alta intensidad.
El sistema internacional FIRMS (Fire Information for Resource Management System), operado por la NASA, ha registrado en la zona anomalías térmicas persistentes con valores que alcanzan hasta once megawatts de potencia radiactiva.
Esta energía equivale al consumo eléctrico de más de diez mil hogares, liberada continuamente en forma de calor por la combustión de gas. Expertos señalan que este nivel no corresponde a un evento ocasional, sino a una operación sostenida de quemadores industriales, conocidos como flares.
Las imágenes captadas en campo muestran torres de combustión con flamas activas tanto de día como de noche, visibles a kilómetros de distancia. Los habitantes reportan un estruendo constante, similar al de un motor o turbina, así como una luz intensa nocturna que penetra en sus viviendas, sumado a la presencia frecuente de humo y gases.

En la fotografía del recuerdo en la batería de separación Agave con los funcionarios de Pemex, el alcalde de Teapa, Miguel Ángel Contreras Verdugo, y el subsecretario de Desarrollo Energético Sostenible de la Semades, Gary Leonardo Arjona Rodríguez.
La quema de gas no solo genera fuego; libera una mezcla peligrosa de contaminantes: dióxido de carbono (CO2), principal contribuyente al cambio climático; óxidos de nitrógeno (NO), causantes de problemas respiratorios; monóxido de carbono (CO), gas altamente tóxico; además de partículas y compuestos orgánicos volátiles.
Asimismo, ante una combustión ineficiente, se libera metano, un gas con un impacto climático devastador.
A pesar de que ninguna autoridad de salud pública u organización ambientalista ha realizado mediciones específicas sobre los órganos afectados en los habitantes, especialistas advierten que la exposición prolongada a estas emisiones provoca irritación de vías respiratorias, cefaleas, trastornos del sueño y enfermedades crónicas como el asma.
El ruido constante y la sensación de riesgo inminente generan, además, altos niveles de estrés en la población.
La información satelital indica que la actividad térmica en la zona es constante e histórica, lo que obliga a plantear las siguientes interrogantes: ¿Quién monitorea los impactos reales de esta contaminación en las comunidades? ¿Quién pagará por los daños patrimoniales y ambientales de la Batería Agave? ¿Quién asumirá la responsabilidad por la salud de los afectados?
Lo que los satélites detectan como energía térmica y los ciudadanos perciben como humo, ruido y luz es un mismo fenómeno: la quema indiscriminada de gas.
Un proceso visible, medible y persistente que hoy ha dejado de ser un asunto meramente técnico para convertirse en una crisis social de urgente atención.
Con información de: elindependientedelsureste.mx
CD/YC
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