
Tirar el tiempo por la ventana
Tierra de Babel
Jorge Arturo Rodríguez
Mientras unos se rasgan las vestiduras, otros se ajustan las botargas políticas del color que dé más por menos, y otros tantos chingan porque atrás vienen chingando; digo, mientras algunos pierden -¿dedican?- tiempo para hinchar la alcancía de poder y dinero, muchos, muchos mexicanos sobrellevan el sufrimiento de conseguir la papa de cada día que cada día cuesta mucho, mucho más. O lo que es lo mismo, cada quien se rasque como pueda, el chiste es sobrevivir en un mundo donde -ahora con más ahínco- reina la humanidad deshumanizada que aprieta el acelerador de la frivolidad, el pasatiempo ramplón y la pérdida de tiempo.
Antes se decía que algún día la Revolución Mexicana nos haría justicia, y sí, pero sólo a algunos cuantos políticos y empresarios trampeadores. Ahora se dice que la 4T nos hará justicia, incluso seremos libres gracias a la soberanía social, económica, energética y etc.
Tiempo ha que vengo escuchando lo mismo; parece que México sólo ha cambiado de actores o seudo actores -aunque aún están por ahí los actores añejos-, porque la realidad mexicana sigue siendo la misma: los ricos, más ricos; los jodidos, más jodidos. Claro, con otro escenario: ¡bienestar!
Abro un paréntesis: (¡Qué manera de perder el tiempo! En lugar de que nos pongamos las pilas para que tengamos un país chingón -tenemos todo para serlo-, perdemos el tiempo en pelearnos y ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Incluso, nos gana a muchos la flojera, hacernos “pénjamos” hasta en lo que nos dedicamos en nuestros horarios laborales. Escucho que dicen: “Que me paguen por dormir… ese es mi trabajo soñado.” Pos lo he visto, y hasta alardean de eso y se encabronan porque no ganan bien. Ya saben: los compañeros de trabajo son como las luces de Navidad. Cuelgan juntas, la mitad no funcionan y la otra mitad no son tan brillantes. ¿Cuándo habrá un ajuste laboral real en los tres poderes de gobierno?) Cierro paréntesis.
En fin, pero tenemos el México que queremos o nos merecemos o nos llevan al baile, porque así lo decidimos. Confucio dice que la ignorancia es la noche de la mente: pero una noche sin luna y sin estrellas.
Ciertos días, ciertas noches, me pongo melancólico, nostálgico… Pero eso no importa. Hay que ser positivo, optimista, me digo. En un mundo de miedo, padeciendo “estrés informativo”. ¿Quién no? La periodista Jessica Zamora, en su artículo “¿Ansiedad por leer noticias? Qué es y cómo evitar el estrés informativo” (en otra entrega lo comentaremos ampliamente), señala: “Abrir el celular por la mañana y encontrarse con titulares sobre guerras, crisis económicas o conflictos políticos se ha vuelto parte de la rutina. La información está disponible en todo momento, pero esa inmediatez también tiene un efecto que pocas veces se analiza: el impacto emocional de estar expuestos de forma constante a noticias negativas.” (excelsior.com.mx, 15/04/2026).
Entonces me pongo fatalista, apocalíptico –“Apocalipsis” es “Revelación”; no se espanten-, incrédulo de la humanidad de la que soy parte, desde luego. Porque a como estamos y somos, depredadores, nada nos satisface. Muerte por agua; muerte por fuego, muerte por fracking; muerte por fuga de petróleo o cualquier otra sustancia; muerte por hambre; muerte por sed, muerte por violencia; muerte por injusticia; muerte por guerra; muerte por indiferencia, etc., etc., etc. Muerte por inhumanos.
¿Qué ofrecemos y dejamos a generaciones venideras? ¿Estamos al borde del final, de la extinción? Quizás falte algunos años. ¿Cuánto tiempo? El astrónomo suizo Michel Mayor, Premio Nobel de Física 2019, sostiene: “La gente piensa que la humanidad es eterna, pero somos animales y nos extinguiremos.”
Lo expresó así: “Hace muchos años me invitaron a dar una charla sobre exoplanetas en la parroquia de un pueblo pequeño. El sacerdote no se quedó contento porque esperaba algo más espiritual, que se acercase más a la existencia de la humanidad a largo plazo. Entonces yo contesté que puede que duremos un millón de años más, como mucho. Lo sabemos por la paleontología. Todas las especies aparecen y desaparecen, tienen el tiempo determinado. En la mente de la gente, sin embargo, los humanos aparecemos y ya nunca dejamos de existir. Somos eternos. Pero la verdad es que somos animales y vamos a extinguirnos. Hay que tener en cuenta la probabilidad de impactos como el que acabó con los dinosaurios hace 67 millones de años. Además, en unos 2.000 millones de años ya no estaremos en la zona habitable del sistema solar. Y eso sin tener en cuenta a los humanos locos y peligrosos. Sabemos que nuestro tiempo como humanidad es limitado.” (elpais.com, 13/04/2026).
Napoleón Bonaparte apuntó: “Hay ladrones a los que no se castiga, pero que roban lo más preciado: el tiempo.”
Por cierto, ciertos días y ciertas noches tiro mi reloj por la ventana, para ver cómo vuela el tiempo.
Los días y los temas
El papa León XIV expresó hace unos días: “Los señores de la guerra fingen no saber que basta un instante para destruir, pero que a menudo no basta una vida para reconstruir. Disimulan no ver que se necesitan miles de millones de dólares para matar y devastar, y que no se encuentran los recursos necesarios para sanar, educar y levantar”. ¡Uf!
Agregó: “El mundo está siendo destruido por unos pocos tiranos y se mantiene en pie gracias a una inmensidad de hermanos y hermanas solidarios”. Ojalá. ¿Nos cruzamos de brazos? ¿Esperamos a que el destino nos alcance?”
De cinismo y anexas
Van algunas cuantas preguntas, para no estresarnos y no matemos el preciado tiempo.
¿Qué hace un reloj en el espacio? –Va dando vueltas.
¿Por qué solicitó trabajo el calendario? –Porque quería hacer horas extras.
¿Por qué los relojes nunca se estresan? –Porque siempre saben cómo tomar las cosas con calma.
¿Cómo saluda un reloj a sus amigos? –“¡Cuánto tiempo sin vernos!”
Hasta la próxima.
CD/VC
* Las opiniones y puntos de vista expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de Cambio Digital.
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