Abr 11, 2026 / 20:55

Canticuénticos vuelve a México para deleitar y conectar con las infancias

Ciudad de México.- “Las canciones pueden convertirse en hoguera alrededor de la cual reunirse”, afirma Ruth Hillar, integrante y compositora de Canticuénticos.

Esa imagen condensa la calidez y la fuerza de la agrupación argentina, que se presenta este 12 de abril en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, en su cuarta visita a México.

En entrevista con La Jornada, Hillar describió el foro como un espacio “hermoso, con acústica impecable y un equipo técnico que acompaña cada detalle. Siempre que tocamos en Ciudad de México nos encontramos con un público muy cariñoso, que participa, conoce nuestras canciones y nos devuelve muchísimo amor”.

El repertorio recorre distintas etapas de la trayectoria del conjunto originario de Santa Fe. Se escucharán canciones que forman parte de su identidad, como Acá tá, El monstruo de la laguna, El mamboretá, A cocochito y Hay secretos, junto con piezas más recientes como El pulpo cocinero.

Hillar señaló que, desde que comenzaron a componer en 2007, el desafío ha sido “no sentir que tenían una identidad cerrada, sino mantenerla en construcción y revisión permanente”.

El espectáculo se organiza como un entramado de roles compartidos: Hillar compuso la mayoría de los temas, muchas veces junto con Sebastián Cúneo, mientras Nahuel Ramayo desarrolló los arreglos instrumentales y participó en grabación y mezcla.

Las voces principales se alternan entre Laura Ibáñez y Cintia Bertolino, con Rocío Solís como suplente. Daniel Bianchi toca guitarra y cuatro, Gonzalo Carmelé el bajo, y Hillar suma voz, flauta y acordeón. En escena, Javier Escandell atiende el sonido, Cúneo las luces y pantallas, y Darío Zini la asistencia de escenario.

Latinoamérica aparece como un mapa sonoro de ritmos tradicionales. Chamamé, chamarrita, chacarera y huayno conviven con cumbia colombiana, son cubano y son jarocho de Veracruz. Para la compositora, “vivir en este continente nos brinda un patrimonio musical riquísimo, parte de nuestra historia y de lo que nos representa culturalmente”.

Cada ritmo se aborda con respeto y se adapta para dialogar con las infancias, incorporando juego, emoción y temas sensibles. Hillar señaló que no pueden cantarle sólo a una infancia idealizada: “Debemos incluir a nenas y nenes que viven vidas diversas y desiguales”.

El monstruo de la laguna se vuelve uno de los ejes del encuentro. Aunque el personaje no aparece físicamente, se nombra, se canta y se baila, lo que abre un espacio para la imaginación y permite acercarse a los miedos desde la confianza.

En cada presentación, el público ocupa un lugar central. “Esa sensación de comunidad se siente en todos los conciertos, sean en Argentina, México, Colombia o España. Cada público aporta una energía distinta y nunca los conciertos son iguales. Cada función es irrepetible: una hora y media de música y emoción compartidas”, puntualizó Hillar.

En un entorno dominado por pantallas, la experiencia presencial adquiere otro peso. Los niños siguen ávidos de contacto real. “Cuando ven algo donde aparece la chispa humana, tienen su corazoncito abierto para hacerle un lugar. La voz humana, ver a las personas tocando, cantar juntos y sentir la cercanía en la sala sigue siendo poderosa. Esa chispa humana es lo que debemos cultivar y proteger para las infancias”.

Las funciones del domingo 12 de abril serán a las 13 y 18 horas en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris (Donceles 36, colonia Centro Histórico). Los boletos van de 200 a 550 pesos, con descuentos del 50 por ciento para estudiantes, maestros, personas con discapacidad, trabajadores de gobierno e INAPAM, sujeto a disponibilidad.

Con información de: La Jornada

CD/AT

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