Mar 31, 2026 / 09:44

Elsa Escamilla muestra la vida comunitaria de las purépechas

México.- Manos que trabajan, cuerpos que resisten, rostros que no se apartan. En esa tríada se sostiene la serie de Elsa Escamilla, no hay artificio ni énfasis, sólo la permanencia de lo cotidiano capturada en blanco y negro, donde cada gesto adquiere peso propio.

En el Museo Archivo de la Fotografía, la exposición Presencia absoluta: Las mujeres de la nación p’urhépecha reúne 32 imágenes que recorren la vida diaria en comunidades de Michoacán.

La secuencia se despliega sin estridencias: La virgen niña, La espera, Mujeres en comunidad, Los dolientes y Nostalgia. Cada pieza abre una escena que no se agota en sí misma, sino que encuentra continuidad en la siguiente.

El proyecto condensa más de una década de trabajo en la meseta purépecha. En entrevista con La Jornada, Escamilla (Ciudad de México, 1949) explicó que su llegada desde la capital marcó una primera distancia.

“Si hubiera crecido en la meseta, tal vez todo sería cotidiano; venir de fuera modificó la perspectiva, todo tenía novedad”. Desde 2003 radica en Morelia; ese desplazamiento inicial terminó por volverse una relación sostenida con el territorio y sus habitantes.

En un inicio, su atención se detuvo en las festividades y en la mezcla cultural que las conforma. “Me impactó que la manifestación ocurriera en la calle; empecé a recorrer la meseta para entender esas interrelaciones”, añadió. En ese recorrido advirtió una intercultura marcada por influencias externas que transformaban las tradiciones. Ahí su enfoque cambió de rumbo.

El punto de quiebre ocurrió en un encuentro. Una mujer, vestida con traje tradicional, empujaba una carretilla con material de construcción y levantaba su casa.

“Ella se hacía cargo de la obra porque su marido migró; ahí entendí otro mundo que no estaba viendo”, relató la fotógrafa. A partir de ese momento, la serie se reconfiguró. “No sólo realizan el trabajo considerado femenino; también asumieron actividades que antes hacían los hombres”.

Desde entonces, las imágenes se concentran en quienes permanecen. Elsa Escamilla lo planteó de forma directa. “Se habla mucho del que se va, pero no de las que se quedan”. En ese espacio se inscriben el cuidado de hijos, la administración del hogar, la espera de remesas y la organización colectiva.

Sobre esa realidad, fue más lejos. “Ellas la pasan peor porque no tienen dinero ni quién las acompañe; muchas veces se hacen cargo de todo”. La migración, puntualizó, “no es sólo el trayecto de quien parte, sino lo que ocurre con quienes sostienen la vida cotidiana en su ausencia”.

El acceso a esas escenas implicó tiempo. “Tiene uno que ganarse a la comunidad; hay que ir muchas veces, platicar, generar confianza”, explicó Escamilla. No basta con llegar una vez: la relación se construye con insistencia, con presencia, con diálogo.

En esa cercanía se sostiene también su forma de mirar. “La fuerza de las imágenes viene de ellas, pero también del respeto inmenso que les tengo”, dijo en referencia a una ética que vincula con el trabajo de Mariana Yampolsky y Lola Álvarez Bravo.

La selección y disposición del conjunto se realizó en colaboración con el historiador del arte Juan Carlos Jiménez Abarca, curador de la muestra, quien propuso una lectura que articula migración, transformación cultural y la presencia de las mujeres en la vida comunitaria.

La serie también se ha presentado en otros espacios. En una plaza de Morelia, las fotografías se mostraron a quienes no suelen acudir a galerías. Más tarde, en Chicago, Estados Unidos, la recepción estuvo marcada por el reconocimiento y la duda.

Escamilla recordó el testimonio de una migrante que cuestionaba si había valido la pena irse y perder lo que tenía, consciente de que regresar sería casi imposible.

En ese cruce de experiencias, la artista encontró otra enseñanza. “Aprendí que sí podemos ser mejores personas si mantenemos ese sentido de comunidad. Ellas me enseñaron que hay otras formas de vivir, no centradas en lo individual.

“No tengo expectativas cerradas; presento el proyecto como un México que todavía existe. Y en ese registro, donde cocinar, construir, cuidar y acompañar se repiten sin estridencia, dejo una última idea: si una imagen logra hacer sentir algo, no importa qué, entonces ya está hecha.”

Reconocimiento a su trayectoria

La red municipalista Leonas de la Corregidora otorgó a Elsa Escamilla un reconocimiento por su trayectoria y labor en la visibilización de las mujeres de Michoacán. La distinción se entregó en días recientes en el salón de recepciones del Congreso del estado.

La exposición Presencia absoluta: Las mujeres de la nación p’urhépecha permanecerá abierta al público hasta el 25 de abril de 2026, de martes a domingo, de 10 a 17 horas, con entrada libre, en el Museo Archivo de la Fotografía (República de Guatemala 34, Centro Histórico).

Con información de: La Jornada

CD/AT

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