Mar 16, 2026 / 10:04

Petróleo supera 85 dólares y fortalece ingresos fiscales de México y Veracruz

Apuntes de economía

Edgar Sandoval Pérez

La circunstancia de la economía internacional vuelve a recordar una vieja verdad: cuando el petróleo sube de precio, no solo se mueven los mercados energéticos, también se transforman las finanzas públicas de muchos países. Las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, particularmente entre Irán, Israel y Estados Unidos, han generado una nueva presión sobre los precios del crudo. Como consecuencia, el Brent ha superado los 85 dólares por barril, mientras que la mezcla mexicana se ha ubicado cerca de los 75 dólares, de acuerdo con datos recientes de los mercados energéticos internacionales.


Para muchas economías importadoras, este escenario representa un riesgo inflacionario. Sin embargo, para México —que sigue siendo un país productor de petróleo— el alza también puede convertirse en un factor que fortalezca los ingresos del Estado.


Durante décadas, el petróleo fue el eje central de las finanzas públicas mexicanas. Aunque hoy su peso relativo es menor, sigue siendo una variable estratégica. Según cifras de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), los ingresos petroleros aún representan cerca del 18% de los ingresos presupuestarios del sector público.


Esto implica que cada variación en el precio internacional del crudo tiene efectos directos en la capacidad financiera del gobierno.


El precio del petróleo y el presupuesto público


Cada año, el gobierno federal construye su presupuesto con base en estimaciones prudentes sobre variables económicas clave. Entre ellas, el precio esperado del petróleo. Para 2026, Hacienda estimó un precio promedio cercano a 56 dólares por barril para la mezcla mexicana.


Cuando el precio real se ubica por encima de ese nivel, ocurre algo relevante: el gobierno obtiene ingresos excedentes.


Dicho de otra manera, si el petróleo se vende en el mercado internacional a 75 dólares, pero el presupuesto fue calculado con un precio de 56 dólares, el diferencial se traduce en recursos adicionales para las finanzas públicas.


Estos ingresos extraordinarios suelen canalizarse a distintos mecanismos financieros, como el fortalecimiento de los fondos de estabilización, el pago de deuda pública o el financiamiento de programas de inversión.


En términos macroeconómicos, el petróleo funciona entonces como un amortiguador fiscal frente a escenarios de incertidumbre global.


Una ventana de oportunidad fiscal


El aumento reciente en el precio del petróleo coincide con un momento particularmente delicado para la economía mundial. El crecimiento global se mantiene moderado, mientras que las tasas de interés internacionales continúan en niveles relativamente elevados.


En este contexto, contar con ingresos adicionales derivados del sector energético puede convertirse en una ventaja para el Estado mexicano.


Por ejemplo, en 2024 y 2025, los ingresos petroleros permitieron compensar parcialmente la caída de algunos ingresos tributarios vinculados al ciclo económico. Además, han contribuido a mantener niveles de gasto público en infraestructura, programas sociales y proyectos estratégicos.


Petróleos Mexicanos (Pemex), pese a sus desafíos financieros, sigue siendo una pieza clave en este proceso. De acuerdo con datos de la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH), la producción petrolera nacional se mantiene alrededor de 1.6 millones de barriles diarios, lo que permite que el país continúe capturando beneficios cuando el precio internacional del crudo aumenta.


La lección estructural


Sin embargo, la historia económica de México también ha demostrado que depender excesivamente del petróleo puede ser riesgoso. Los precios del crudo son altamente volátiles y responden a factores que escapan al control de cualquier país.


Por ello, el verdadero desafío no es simplemente recibir ingresos petroleros extraordinarios, sino utilizarlos estratégicamente.


Si estos recursos se destinan a inversión productiva, infraestructura logística, innovación tecnológica o fortalecimiento del capital humano, pueden convertirse en motores de crecimiento económico sostenido.


De lo contrario, el beneficio puede diluirse rápidamente.


En ese sentido, el petróleo sigue siendo una paradoja para México: un recurso que puede generar riqueza fiscal inmediata, pero cuyo verdadero valor depende de cómo se administre.


La coyuntura internacional ha vuelto a colocar al crudo en el centro de la economía global. Y aunque los conflictos geopolíticos difícilmente pueden considerarse buenas noticias, para las finanzas públicas mexicanas el aumento del precio del petróleo abre, al menos temporalmente, una oportunidad para fortalecer la estabilidad fiscal y ampliar el margen de acción del Estado.

Edgar Sandoval Pérez
@EdgarSandovalP
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CD/YC

* Las opiniones y puntos de vista expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de Cambio Digital.

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