Feb 15, 2026 / 22:09

¿Quién dijo que la Cuaresma es triste? Es dolorosa, pero no es triste

Pbro. José Juan Sánchez Jácome

Hay personas a las que les ha bastado una experiencia para convencerse de Dios y acercarse a Él. Han vivido una experiencia espiritual tan profunda que los dejó tocados en el corazón. Por eso cambiaron de vida, se comprometieron y se pusieron en el seguimiento de Cristo Jesús.

Se trata de casos especiales -no es el caso de todos- en donde una experiencia tan intensa logra que las personas se conviertan y se vuelquen a Dios Nuestro Señor, comenzando una nueva vida.

Pero en la mayor parte de los casos es necesario llevar un proceso. Y posiblemente no siempre estamos preparados y dispuestos para iniciar un proceso en la fe, ya que un proceso como éste pide perseverancia, confianza y sacrificio.

Un proceso en la fe nos va metiendo en un ambiente de disciplina que también es necesario para que alcancemos los principales objetivos de nuestra vida. Los cristianos así asumimos el tiempo de la cuaresma, que iniciaremos el próximo miércoles de ceniza, como un tiempo que irá consolidando con la oración, el esfuerzo y la disciplina nuestra conversión a Dios.

Si alguien pregunta cómo conocer a Dios, cómo seguir a Dios, cómo hacer una experiencia del amor de Dios, una respuesta está en este proceso del tiempo de cuaresma que implica confianza, perseverancia y sacrificio, como partes de un camino que nos irá poco a poco revelando la presencia de Dios.

Aunque muchas cosas las dejamos a medias, y no solamente en la vida espiritual -nos pasa en los tratamientos médicos, en el campo laboral, en el ambiente académico y en los procesos familiares-, sin embargo, tenemos que comprometernos en este tiempo de cuaresma para consolidarnos en la vida espiritual.

Si uno quiere cambios en la vida espiritual, si queremos progresar y si queremos realmente tener una experiencia del amor de Dios tenemos que comprometernos con este proceso que nos pide perseverar. En la vida cristiana las cosas no se obtienen a la primera. Esto no es magia. Se necesita, por tanto, perseverancia.

Se necesita también mucha confianza, agarrarle la palabra a Dios que no dejará de hablar y de manifestar su mensaje. Es importante en este proceso depender de la palabra de Dios, confiar en su palabra y saber que es una palabra que nos va a sacar de apuros y nos a volver a meter en el camino de la vida.

También tenemos que aprender a ser sacrificados; cuando estamos interesados en la salud, en la imagen, en la vida profesional, en el progreso económico, no dudamos en sacrificarnos. Y eso se debe decir de la vida espiritual, si queremos de verdad estar en paz, si nos interesa superar muchas de nuestras tendencias al pecado. Si estamos interesados en conocer a Dios de manera más profunda, se nos llama a entrar en un ambiente de sacrificios para que de esta forma asumamos este proceso como parte de la disciplina espiritual que todos necesitamos.

¡Vaya que necesitamos de la disciplina espiritual! En muchos momentos de la vida hemos dicho: “hasta aquí la mentira, hasta aquí la corrupción, hasta aquí el pecado, hasta aquí los vicios”, etc. En muchos momentos de la vida hemos sentido asco del pecado, nos hemos dado cuenta cómo duele el pecado. Hemos sentido de buena fe la necesidad de ser mejores y salir de ese atascadero.

Nos hemos dado cuenta que tenemos una aspiración al cambio, buenos sentimientos para ser mejores personas, para dejar la maldad y para ponernos en el camino del Señor. Pero también nos hemos dado cuenta que no bastan los buenos sentimientos. Uno puede decir: “yo quiero cambiar, quiero ser mejor, quiero dejar esta historia de maldad y de pecado”, y lo vamos intentando. Pero si no somos disciplinados nos estancamos o terminamos por sucumbir.

Qué bueno que haya buenos sentimientos y una grande disposición, pero tenemos que asumir una disciplina. Si no lo hacemos así no estaremos a la altura para enfrentar al espíritu del mal.

Estamos a tiempo para recorrer este camino pedagógico que nos ofrece el tiempo de cuaresma, para convertirnos sinceramente de nuestros pecados y tener una mayor experiencia del amor de Dios. Llegaremos a descubrir que no es sólo nuestra necesidad y nuestro deseo buscar a Dios, sino que Él toma la iniciativa para buscarnos y nos está hablando bajito, como dice el P. Natalio:

“Examina tu corazón, en el que arde quizá, desde hace tiempo, la ilusión de algo grande. Piensa si no será Dios el que te está hablando bajito, con las palabras de un amigo, tras la aparente monotonía de la vida. Considera quién golpea suavemente tu alma. Quizás lleve tiempo hablándote, y no lo hayas descubierto todavía”. P. Natalio

Tengamos en cuenta la invitación que la Iglesia nos hace este miércoles de ceniza para abrirnos al amor de Dios en nuestro proceso de conversión, como reflexiona el P. José F. Rey Ballesteros:

“Hoy es el día en que nos damos cuenta de que no es el resto del mundo quien lo hace todo mal, sino nosotros.

Hoy es el día en que reconocemos que nuestra conversión es urgente, porque el camino que llevamos no nos conduce a Dios, sino que nos aleja de Él.

Hoy es el día en que asumimos, de una vez para siempre, que por nosotros mismos, con nuestras solas fuerzas, no podemos convertirnos.

Hoy es el día en que nos postramos ante Dios, reconocemos y lloramos nuestras culpas, y suplicamos la ayuda del cielo.

Hoy es el día en que, por el ayuno, sabremos que sólo Dios basta, y todo lo que no es Dios nos sobra, aunque hasta hoy nos pareciera imprescindible.
Hoy es el día en que se nos anuncian la misericordia y la compasión de Dios hacia nosotros.

Hoy es el día en que Cristo es hecho pecado por nosotros, para que nosotros seamos justicia de Dios en Él.

Hoy comienza el tiempo del silencio, la misericordia, el amor y la salvación.
¿Quién dijo que la Cuaresma es triste? Es dolorosa, pero no es triste. Es el tiempo del Amor de Dios por los pecadores”.

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