Movimiento Ciudadano: Una guerra por el poder sin haberlo conquistado
Movimiento Ciudadano (MC) se autoproclama como la segunda fuerza política en Veracruz, pero su realidad interna dista mucho de ser la de un partido cohesionado y en ascenso. La renuncia de Bernardo Bellizzia, jefe de prensa de la Dirigencia Estatal, fue el más reciente síntoma de una estructura que se tambalea entre el capricho y la soberbia de algunas de sus figuras con mayor exposición. Aunque el xalapeño Bellizzia en su video de despedida agradeció al dirigente estatal Luis Carbonell de la Hoz, su rostro desencajado y el tono ambiguo de sus palabras —“seguiré siendo tu amigo, no importa las circunstancias”— revelan que su salida no fue tersa ni voluntaria.
En el centro del conflicto están dos de esas figuras: Sergio Gil Rullán, exdirigente estatal y actual diputado federal plurinominal y Luis Carbonell, actual coordinador estatal. Aunque Dante Delgado, líder moral del partido, le retiró control a Gil y le acotó su excesivo protagonismo en la entidad, tras conocer sus prácticas autoritarias y acuerdos opacos, este logró imponer a su aliado Carbonell, quien ha sido calificado como un dirigente “gris”, sin liderazgo, ni autonomía. En los hechos, Gil sigue moviendo los hilos, ejerciendo presión sobre los 39 alcaldes naranjas, hoy mediante cuotas y lineamientos verticales que solo favorecen a esa cúpula naranja.
La historia reciente de MC en Veracruz está marcada por purgas internas, conflictos, renuncias y traiciones:
- Alexis García Sánchez, exdiputado local, fue expulsado por votar en contra de los intereses de Gil.
- Maribel Ramírez Topete enfrentó una confrontación directa con la dirigencia y terminó por renunciar al partido.
- Ruth Callejas, también exdiputada, fue marginada por no alinearse con la línea oficial y posteriormente presentó su renuncia.
- Militantes y simpatizantes que no se subordinan han sido sistemáticamente hostigados, golpeados mediáticamente y orillados a hacerse a un costado.
- Y no se diga del diputado local Adrián Ávila, cuya cuestionada participación en el Congreso ha sido constantemente discordante con la línea discursiva del partido en el estado, obedeciendo más a intereses oficialistas y generando tensiones internas y cuestionamientos sobre su permanencia.
La situación se agravó con la renuncia de al menos cinco candidatos a alcaldías en Veracruz, quienes abandonaron sus aspiraciones por amenazas a su integridad. Aunque el dirigente estatal minimizó el hecho, lo cierto es que más de una decena de aspirantes recibieron amenazas, lo que refleja un entorno político hostil y desorganizado.
A esto se suma la desbandada de cuadros municipales: los presidentes municipales de Rodríguez Clara, Coyutla, Oluta y Cazones de Herrera renunciaron a las filas de Movimiento Ciudadano para unirse a la campaña de la abanderada de la coalición Sigamos Haciendo Historia en Veracruz, Rocío Nahle García. Este éxodo evidencia la pérdida de confianza en la dirigencia y el debilitamiento del proyecto naranja en el estado.
Sergio Gil, acostumbrado a que sus caprichos se cumplan, sigue frustrado por no haber sido elegido candidato a la gubernatura —cargo que recayó en Polo Deschamps, propuesto por Daniel Delgado, sobrino del Líder Moral Dante Delgado—, ha maniobrado para mantener el control del partido. Incluso, según versiones internas, saboteó la campaña de Deschamps, debilitando aún más al partido en un proceso clave. Ahora, enfocado en su aspiración por la presidencia municipal de Boca del Río, ha instalado una casa de enlace que solo operó para la foto inaugural y que hoy permanece cerrada, sin actividad ni propósito claro, como símbolo del oportunismo político que lo caracteriza.
Movimiento Ciudadano en Veracruz es hoy un campo de batalla. Las ambiciones personales, el autoritarismo, la falta de liderazgo real y la desconfianza interna han convertido al partido en una estructura frágil. Hoy, el dirigente estatal Luis Carbonel abandera un cuestionable discurso de que sus alcaldes están siendo presionados para renunciar y adherirse a Morena, pero como ningún alcalde naranja salió a confirmar lo dicho, intentaron amarrarse el dedo antes de que los propios presidentes municipales denunciaran el hostigamiento, no de fuerzas externas, sino de parte de los dos secuaces naranjas que controlan el partido.
Si así están sin gobernar, ¿qué podemos esperar si algún día lo logran?
CD/GL
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