La pregunta del millón
A la pregunta de por qué hay quienes todavía les creen a los políticos corruptos y mentirosos, y aun reconociendo que la respuesta es muy compleja, existen varias causas en los respectivos grupos de personas.
Un primer grupo, el más numeroso, sigue a políticos corruptos y mentirosos porque están siendo manipulados, que se aprovechan de estas personas en base a sus experiencias de abusos y de resentimientos de antigua data. Son personas que se identifican con otras que han cometido actos de corrupción o mienten, no porque sean igual a ellos en el plano ético, sino porque tienen situaciones parecidas en su status personal o familiar. Esto lo saben los manipuladores que visten, hablan o envían imágenes que recuerdan el ambiente y la usanza de ese grupo de personas, que han padecido postergación y olvido.
Esa narrativa del odio, del resentimiento es muy peligrosa, porque llega un momento en que anula o bloquea la racionalidad. En esta situación, la gente ya no piensa y deja de tener la autonomía o el ser señor de sí mismo, abandonándose a los simples sentimientos o impulsos. Así, llegan a tener conductas guiadas solo por las pasiones de la ira y la desesperación, por más irracionales que sean, dando rienda suelta a su odio y resentimiento. Cuando aquello se masifica, se convierte en hordas que llegan a la guerra civil, que algunos utilizan para imponerse por la fuerza.
Otro grupo, si bien más pequeño que el anterior, acepta la corrupción y mentira porque han ido progresivamente deformando su conciencia hasta tal punto de considerar que el robo y la mentira es algo “normal”. Y, como en el ser humano nuestras facultades están vivas y, si uno no reacciona, paulatinamente se va acentuando cada vez más esa conducta, tratando de “justificarla”, diciendo (por ejemplo) “no importa que robe, con tal de que haga algo”, y ya no se sorprende por la corrupción, ni del robo ni de la mentira “porque todos lo hacen”. Se cumple así lo que dice el refrán popular “cree el ladrón que todos son de su condición”.
Existe un tercer grupo, el cual más que seguir a políticos corruptos o mentirosos “pasan” de ellos, por “negacionismo” (“no puede estarnos pasando esto”) o porque piensan que los problemas se “solucionan solos”. No se dan cuenta de que hay situaciones en las que, si no se rechaza explícitamente la corrupción y la mentira, nos ponemos en condiciones de ser cómplices de estas. Por ello, es muy importante, urgente, el rearme moral de nuestro país y recordar la importancia de los principios éticos, de las virtudes morales y de las buenas prácticas éticas en todos los niveles y en ámbitos de la sociedad y de nuestra vida.
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