📜Efemérides del Periodismo Mexicano: Juan Ignacio María de Castorena Ursúa y Goyeneche
“Primer periodista mexicano” o “Patriarca del periodismo mexicano”, como se le reconoce históricamente, Juan Ignacio María de Castorena Ursúa y Goyeneche murió el 13 de julio de 1733 en Mérida, Yucatán, donde era obispo, y su cadáver fue sepultado en la capilla llamada del Santísimo Cristo de las Ampollas, en la catedral de su diócesis.
Nació el 31 de julio de 1668 en Zacatecas, Zacatecas, que pertenecía al Reino y a la Diócesis de la Nueva Galicia, en la jurisdicción de la Real Audiencia de Guadalajara.
Descendía de una familia acomodada, y seguramente sus primeras letras las aprendió en su ciudad natal, pasando su juventud bajo la dirección de los padres de la Compañía de Jesús, en el Real Colegio de San Ildefonso de México, donde mereció como premio de sus maravillosos adelantos, el honor de que su retrato al pincel fuese erigido en la galería de los más aventajados hijos del establecimiento.
En sus doce años como colegial de San Ildefonso, estudió primero con la categoría de seminarista y luego disfrutando de una beca real, hasta adquirir los conocimientos de su época y del medio, en filosofía, teología y sagrados cánones, de cuyas dos últimas facultades defendió en el mismo colegio un acto de todo el día y crecido número de conclusiones las más graves.
Salió con el grado de doctor en cánones, revelando afición por la literatura, que lo llevó a sostener estrechas relaciones con sor Juana Inés de la Cruz. Cultivaron amistad tan cordial que cierta vez, al circular unos impresos criticando a Sor Juana, el doctor Castorena la defendió, dedicándole ella la siguiente décima:
Al Sr. Dr. D.
Juan Ignacio de Castorena
Favores que son tan llenos,
No sabré servir jamás,
Pues debo estimarlos más
Cuanto los merezco menos;
De pagarse están ajenos
Al mismo agradecimiento;
Pero ellos mismos, intento,
Que sirvan de recompensa,
Pues debéis a mi defensa
Lucir vuestro entendimiento.
Castorena fue a España en 1697, a la Universidad de Ávila, donde obtuvo el grado de doctor en teología; más tarde pasó a Madrid donde vivió algún tiempo para cumplir su encargo de apoderado del Colegio de Santa María de Santos de México, consiguiendo para éste el título de Mayor.
En 1701 regresó a México. Por más de 20 años se dedicó a diversas obras educativas; fundó el colegio para niñas de Los Mil Ángeles, en Zacatecas; fue catedrático de sagradas escrituras; durante cuatro años fue rector de la Real y Pontificia Universidad de México y se jubiló después de este lapso; posteriormente se consagró a escribir sobre asuntos religiosos.
En 1722 apareció el primer periódico de nuestro país, La Gaceta de México y Noticias de Nueva España de Castorena; “primero, porque al carácter noticioso del impreso se le agregó la periodicidad fija, ya que se publicó mensualmente”, señala Moisés Ochoa Campos en su opúsculo Juan Ignacio María de Castorena, primer periodista mexicano.
La Gaceta de México fue un periódico muy completo, con secciones de noticias oficiales, religiosas, comerciales, sociales y marítimas. Desde el número 2 se insertó una sección titulada “Libros Nuevos”, para dar cuenta de los publicados en México y España. Las noticias aparecían divididas por ciudades: México, Campeche, Acapulco, Zacatecas, Guadalajara, Veracruz, Puebla, Valladolid (Morelia) y del exterior informó de sucesos acaecidos en La Habana, Guatemala, Manila y Zebú, presentando, a partir del número 3, un resumen de noticias de Madrid, París y Roma.
La vida de la Gaceta de México, en su primera etapa, se desenvolvió dentro del primer semestre de 1722.
No sabemos por qué la suspendió su editor, afirmando unos que el Dr. Castorena perdió todo su capital en la empresa editora que trataba de sostener. Otros suponen que dejó de darse a la estampa porque su director fue elevado a la diócesis de Yucatán. Esto es inexacto, pues entre la fecha en que dejó de publicar la Gaceta a la escasez de papel, cosa muy probable, pues Zumárraga en el Siglo XVI y Mota Padilla a mediados del XVIII, se quejaron de la carestía y de la falta de papel. Pero seguramente nada influyó tanto en el ánimo del Dr. Castorena como las murmuraciones de los egoístas e ignorantes, enemigos de la luz y de la común utilidad.
Sin embargo, la semilla fructificó y seis años después otro clérigo del Arzobispado Metropolitano, don Juan Francisco Sahagún de Arévalo Ladrón de Guevara emprendió la segunda etapa de la Gaceta de México, logrando sostenerla once años, de 1728 a 1739, constando su colección de 145 números. El formato de la Gaceta continuó, con la única novedad de un grabado en madera reproduciendo el águila sobre un nopal, devorando la serpiente. Se suspendió por las dificultades para adquirir papel y reapareció tres años más tarde, en enero de 1742. En su tercera etapa llevó el título de Mercurio de México, apareciendo regularmente durante un año y agregando la novedad de incluir poesías en sus páginas.
CD/YC
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