Jun 20, 2022 / 06:00

📜 Efemérides del Periodismo Mexicano: Concepción Urquiza del Valle (Concha Urquiza)

Concepción Urquiza del Valle – Concha Urquiza, firmaba sus escritos- nació en Morelia, Michoacán, el 20 de junio de 1910, y se ahogó en el mar cerca de Ensenada, Baja California, el 25 de diciembre de 1945.

Terminada la preparatoria, pasa a los 18 años una temporada en Nueva York. A los 23 se entusiasma “con el comunismo batallador y apostólico de Julio Antonio Mella”. Lo explican su generosidad y su ignorancia religiosa, dice Alberto Valenzuela Rodarte en Historia de la literatura en México e Hispanoamérica (1967), y agrega: “En la primavera de 1937 se encuentra con el que la rescató para Cristo, el padre Tarsicio Romo, Misionero del Espíritu Santo”, quien la vio de la siguiente manera:

Los ojos brillaban con el fulgor mortecino que produce el espanto, cuando por largo tiempo se ha enseñoreado del corazón. Ojos desesperanzados del que sueña y luego ve romperse sus sueños, como juguete de cristal en manos de un niño. Ojos que deshacen las cosas caducas y las hallan sin sustancia, vacías, huecas. Ojos de avidez desusada, hambrientos de luz y de inmortalidad, fatigados de filósofos y de filosofías, de teorías y de explicaciones, lastimados con las desdichas pagadas y agitados por las conmociones recientes.

Concha Urquiza fue maestra de literatura y directora de la Universidad de San Luis Potosí. Realizó en México labores de adaptadora de guiones cinematográficos, tales como el Corazón de niño (1939). Fue colaboradora de las revistas Aula y Labor (ambas en San Luis Potosí), así como de Rueca, México al Día, Juventud, Saber y Logos (esta última en Morelia, Michoacán). Publicó su primer poema a los 13 años de edad en Revistas de Revistas.

Fue autora de Obras (1946), Poemas de Concha Urquiza (1955), El párroco ideal según yo lo había soñado (1955), Poesías y prosas (1971) y Antología (1979).

Valenzuela Rodarte apunta que “Las confidencias escritas de esta muchacha mexicana tienen la frescura y hasta el tono a veces de la Carta de Sor Juana al Obispo de Puebla”, y acerca de su muerte escribe: “En Ensenada estaba tan feliz, frente al mar decía riéndose que al ir al cielo pediría a Dios bajar, darse una zambullida y estar pronto de regreso. La zambullida se la dio y regresó a Dios directamente, sin tocar ya la tierra”.

CD/YC

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