Jun 19, 2022 / 06:00

📜 Efemérides del Periodismo Mexicano: Cayetano Rodríguez Beltrán

Cayetano Rodríguez Beltrán, profesor, periodista y cuentista, murió el 19 de junio de 1939 en Xalapa, Veracruz; había nacido en Tlacotalpan, en esa misma entidad federativa, el 24 de septiembre de 1866.

Fue profesor en las escuelas Juan Enríquez y Especial de Comercio, de Xalapa; director de Educación Federal de Veracruz, inspector de la Secretaría de Educación Pública y director de la Escuela Secundaria y Preparatoria de Xalapa.

Inició su carrera periodística en El Tlacotalpeño (Tlacotalpan, Veracruz) y después colaboró en El Correo de Sotavento, Revista Jarocha, México Intelectual, El Mundo Ilustrado (enero 1904), Don Quijote y El Mundo (La Habana, Cuba), y director de La Idea Liberal, órgano de Partido Gómez Farías. Utilizó los seudónimos de Licenciado Vidriera Onateyac y Do Liberato.

Fue autor de Una docena de cuentos (1900), Atrevimientos literarios (1901), Perfiles del terruño (1902), Cuentos costeños (1905), Por mi heredad (1906), Pajarito (1908), Un ingenio (1919) y Cuentos y tipos callejeros (1922).

Perteneció a la Academia Mexicana de la Lengua como miembro correspondiente en Veracruz, Veracruz.

Joaquín Ramírez Cabañas incluyó a Rodríguez Beltrán en Antología de cuentos mexicanos (1875-1910), donde dice del educador y escritor tlacotalpeño lo siguiente: “Cayetano Rodríguez Beltrán (1886-1939), periodista y educador, fue asimismo un novelista distinguido que, como su contemporáneo don Rafael Delgado, prefirió vivir siempre en su ciudad natal, Tlacotalpan, y en la capital del estado de Veracruz”.

El cuento antologazo lleva el nombre de “Dorotea”, historia de una huérfana que a su vez se hace cargo más tarde de otra huérfana, y cuyo comienzo es el siguiente:

Nació pobre y quedó huérfana cuando no supo darse cuenta de su desgracia; creció entre las hurañías de unos parientes lejanos, y se salvó de las asechanzas del mundo por la fealdad con que la naturaleza la dotó desde los primeros días de su triste y desvalida infancia.

Dorotea cuida a la niña, que después, ya casada y junto con su marido, la atienden en su vejez y la lloran cuando muere. “Y allá, donde los juntos moran eternamente, estará satisfecha de haber cumplido su deber en ese otro estado de miserias, mientras la dicha sonríe y acrecienta en el hogar que ella formó aquí abajo con una bondad y una ternura ejemplares”.

CD/YC

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